Armando Mayorga. 24 junio

Jesús Ramírez renunció a la presidencia de la Sala de Casación Penal, pero se quedó corto. También debería dimitir de la magistratura a la Corte Suprema de Justicia debido a la audiencia del 16 de junio, cuando por un “error” puso en entredicho su capacidad para resolver y la “seriedad” de la Sala Tercera.

Lo saludable para Ramírez, con 77 años de edad y 35 de ser magistrado, es despedirse y disfrutar su pensión. También es lo más sano para el Poder Judicial.

El incidente se dio en la vista sobre el caso de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD), en la cual Ramírez trastabilló. Primero declaró “sin lugar” los recursos de los dos abogados del mandatario. Una voz le dijo algo. Volvió y afirmó que no, que había cometido un “error material”, que, más bien, eran “inadmisibles”. Lo que vino después, él y el Poder Judicial no pueden permitirlo.

“Nos han hecho una tomadura de pelo”, expresó Rodolfo Brenes, codefensor del presidente de la República. ¿Para qué convocaron una vista si ya había posición?

De seguido, la fiscala general, Emilia Navas, manifestó que por esa “mala interpretación” la Sala “perdió competencia” y la querellante Gloria Navas agregó: “Esto está peor que el coronavirus”. “Don Jesús, creo que no está capacitado para integrar esta Sala en este momento. El cuadro que hemos visto es muy triste, (así como) la forma como le aconsejan, le dicen y lo corrigen”, agregó.

John Brenes, otro abogado, cuestionó por qué tres magistrados “le soplaron”: “Tuvieron que decirle al señor presidente cuál era la forma de resolver”.

El exjuez Ewald Acuña explicó: “Un juez debe poner atención a lo que resuelve. La percepción que tuvimos es que su capacidad de concentración está disminuida”.

Tanto “desorden” en una vista judicial llevó a la fiscala general a denunciar la “falta de seriedad”. Incluso, encaró a los otros cuatro magistrados: si sabían que un compañero no estaba en condiciones de tomar decisiones ni de dirigir una audiencia, su responsabilidad era decirle “don Jesús, sepárese”, subrayó Emilia Navas.

El corolario lo dio el abogado Rodolfo Brenes: “Los imputados tienen derecho a ser juzgados por un tribunal idóneo y aquí han surgido dudas”. Tras esta caótica audiencia, lo saludable para Ramírez, con 77 años de edad y 35 de ser magistrado, es despedirse y disfrutar su pensión. También es lo más sano para el Poder Judicial.

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.