Hay frases que resuenan en estos días. “Toda crisis es una oportunidad”, por ejemplo, o “en tiempos excepcionales, medidas excepcionales”.
En la insólita emergencia sanitaria y económica por el coronavirus, lo que más falta es dinero, y son el gobierno y los diputados los llamados a decidir de dónde se toma.
¿Préstamos? Sí, pero con cautela porque la deuda pública tendrá efecto bumerán, de guamazo, pues estamos hasta el cuello, al punto que al mes pagamos ¢266.000 millones en intereses, y Hacienda vive, como dijo un exviceministro, “a coyol quebrado, coyol comido”. Lo que entra se gasta. Hay poca liquidez.
La opción es revisar gastos de instituciones y recortar el desperdicio. La crisis es la oportunidad perfecta para que los poderes Ejecutivo y Legislativo se enfoquen en dar auxilio digno a los miles de hogares donde el ingreso se vino al suelo o desapareció de un día para otro.
Está bien otorgar subsidios de ¢125.000 a quienes quedaron desempleados o ¢62.500 a quienes vieron reducidos su jornada y su salario. Pero son sumas insuficientes e irreal es suponer que la emergencia durará tres meses. Poner de pie al mundo tomará años y Costa Rica no será la excepción.
Es entonces responsabilidad del gobierno y de los 57 diputados tomar decisiones para que el Estado responda con celeridad, como nunca antes, a esta crisis humana.
La Contraloría lo advirtió: el dinero público es muy limitado y hay “instituciones que perdieron su propósito, no responden a las necesidades” de los habitantes.
No dio nombres, pero los sabemos. El Fondo Nacional de Becas (Fonabe) no hace nada porque las ayudas estudiantiles pasaron a ser del resorte del IMAS. ¿Por qué desperdiciar ¢2.100 millones al año en ese cascarón con 30 empleados?
Japdeva es otro cascarón. Un lastre cuyo costo es de ¢1.000 millones mensuales. La Fábrica Nacional de Licores: ¿Quién logró comprar alcohol líquido en esta emergencia? Pocos. La Fanal falló, y siendo monopolio. El Consejo Nacional de Producción es otro lastre. Sobrevive a costa de vender caro a los comedores escolares.
Hay más entidades no poco aportan y la crisis es la oportunidad.
La emergencia demanda medidas excepcionales, como decir “no más” al desperdicio en entidades que poco sirven al interés ciudadano.
Gobierno y diputados tienen ahora el poder del cambio. La oportunidad de curar males de años les llegó en plena pandemia.
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Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.
