Zapote está tristón. Poca gente acude a las fiestas de San José y como que la causa es una... ¡allí asustan! Los precios asustan y ahuyentan.
Si una familia de cuatro miembros desea ir a celebrar en las dizque “fiestas populares”, tendrá que llevar la billetera o la cartera bien cargada porque los precios se exceden de “populares”.

Todo comienza en los parqueos: oscilan entre los ¢3.000 y los ¢10.000. Pero no se preocupe, esta vez sobra espacio.
Las sorpresas seguirán cuando entre al área de fiestas, porque también sobra el espacio. Aquellos tiempos de gentío, donde se caminaba en tumulto, son historia. Igualmente, son historia las kilométricas filas para subirse a los juegos mecánicos.
Muy sencillo, cada “montada” cuesta ¢1.500 y ahora son menos los que están dispuestos a pagar esa suma por unos segundos de zarandeo. Eso sí, son más los que se paran a observar el show de la tagada... ¡es un espectáculo para morirse de risa a costa de las peripecias de otros por sostenerse en sus asientos!
Pero, la mayor “montada” está en los precios de los toros. Solo entrar al redondel vale ¢20.000 por persona. Y, una familia de cuatro, ¡¢80.000!
Pero allí, en las esperas para que salga el toro, comienza a atacar el hambre. Por cada pizza personal cobran ¢2.500 (y eso que son “mini” y pobres en ingredientes); por una bolsa de picaronas ¢1.500... y mejor no seguir porque la cuenta por cuatro personas sube fácilmente a ¢100.000.
Los toros, entonces, no solo embisten a los improvisados, sino al público conminado a pagar estos precios en un show que realmente cae, a veces, en el aburrimiento, pues está pensado más para los tiempos de la TV que para los de la gente en gradería.
La “montada” sigue afuera, en los chinamos. Para que tenga una idea, solo un vigorón en Comidas Morales vale ¢3.500, y eso que el chicharrón es más grasa que carne.
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La gente no es tonta. Solo esos precios explican por qué en Zapote ya no hay gentío... porque asustan como la mujer que se transforma en gorila. Ese acto es quizás lo más popular que tiene Zapote, porque no hay turno de pueblo donde no esté. Y no es lo mejor por el show, sino por el animado y ocurrente narrador. Bien valen los ¢1.200.
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Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.
