Armando Mayorga. 27 noviembre, 2019

Caras vemos... A menudo me topo con Marco, un saludo rápido, algún comentario y nada más. Pero, el lunes, me dejó sin palabras cuando me encontré con su mensaje en Facebook: “Diosito decidió que ya era hora que le devolviera a mi princesa”. Su esposa, joven como él, había fallecido un día antes. Un cáncer se la llevó a los 33 años. No llegué a conocer a Alejandra Cordero, pero este martes, después de su partida, descubrí su herencia pública en el blog “El cáncer desde los ojos de Ale”, donde contó su vida después de recibir la noticia de que ese “bichillo” vivía dentro de ella. No, no es un muro de lamentos. Todo lo contrario. Sus escritos son un gracias a la vida y un ruego a disfrutarla a cada segundo, en cada detalle y en cada persona.

Habla, por ejemplo, de esos momentos que desaprovechamos.

“El tiempo… he aprendido que es un tesoro que Dios nos da y que cada segundo vivido debe valer la pena porque si no es un desperdicio, nuestra vida es una historia que podría tener final en cualquier momento, por eso ¡deberíamos tratar de vivir cada día al máximo! Amar con intensidad, decir lo que el corazón quiera decir, abrazar mucho, correr, bailar, respirar profundo, dar gracias, detenerse a observar, crear y archivar momentos en nuestra memoria y en los corazones de quienes amamos”.

Esta joven, que comparte su historia con el afán de ayudar “a alguien a mejorar un poco su día”, dice algo sabio. Usualmente, tratamos de convencernos de que para valorar los momentos de la vida hay que disfrutarlos como si fuera el último día. No. “Nuestra responsabilidad —dice— es hacer que cada segundo de la vida sería memorable”. Memorables. Nada más. ¿Por qué no?

Todo es cuestión de actitud y ella dio cátedra. El 27 de julio cumplió un año del diagnóstico. Nada de lágrimas. “Es un día que nunca voy a olvidar, pero no lo recuerdo como algo triste, fue un gran cambio, pero para mí es el día del inicio, y ¡ese día fue muy bueno! Ese día fue el primero de aprender a vivir de verdad. Así que ¡feliz cumpleaños a mí!”.

No la conocí, pero la imagino agarrada de Dios para dar esperanza a su familia. Desde acá, un abrazo a Mari, su hermana que la acompañó a contar historias, y a Marco Hernández, a quien le enseñó lo vital: “¡Dando amor la vida es más bella!”.

Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.