Columnistas

Arabia Saudita al rescate, pero ¿por cuánto tiempo?

Para apreciar esta dinámica emergente, consideremos de qué manera las influencias dominantes en el mercado petrolero han cambiado en los últimos 15 años

La demanda china fluctuante ha contribuido a la volatilidad en los precios internacionales del petróleo este año. Pero la última evolución por el lado de la oferta tendrá implicaciones geopolíticas y financieras inmediatas que irán mucho más allá del mercado petrolero.

Específicamente, Arabia Saudita regresó a escena como el productor regulador más grande y, por lo tanto, el fijador de precios marginales más influyente. Sin embargo, todavía no está claro cuánto tiempo durará esta situación.

El consiguiente efecto por el lado de la demanda de China en los precios del petróleo es ampliamente reconocido. El país es grande, con enormes necesidades energéticas y un uso de alta intensidad de energía, y depende marcadamente de los proveedores externos.

Los efectos en los precios impulsados por China han sido particularmente impredecibles este año en tanto las autoridades chinas imponen y levantan confinamientos según la política de covid cero en el país.

La composición de los determinantes de precios por el lado de la oferta son mucho menos constantes, lo que hace que el forcejeo con impactos en la demanda sea mucho más intrigante.

Para apreciar esta dinámica emergente, consideremos de qué manera las influencias dominantes en el mercado petrolero han cambiado en los últimos 15 años.

En primer lugar, el predominio de larga data de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), encabezada de facto por Arabia Saudita, se esfumó como consecuencia del crecimiento explosivo de los productores de esquisto, entre ellos, Estados Unidos.

El papel de productor regulador que es crítico para recortar los grandes incrementos de precios en toda dirección, por ende, se encaminó hacia ellos y se alejó de Arabia Saudita y de sus aliados de la OPEP.

En un intento por restablecer la influencia de la OPEP en el mercado petrolero, Arabia Saudita y Rusia acordaron en el 2016 sellar un acuerdo de cuotas de producción ampliado.

Esta coalición, conocida como OPEP+, restableció la eficacia de los techos de producción anunciados por sus miembros. Pero su papel de fijador de precios principal se vio minado en los años subsiguientes por los crecientes temores sobre el cambio climático y la necesidad urgente relacionada de reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Pero la invasión a Ucrania por parte de Rusia en febrero interrumpió la aparente erosión de larga data del papel económico y político global de la OPEP+.

Las sanciones occidentales resultantes alteraron los suministros de petróleo de Rusia, lo que ayudó a que los precios subieran. Esto, a su vez, instó a una renovada conciencia de la importancia de Arabia Saudita en el mercado petrolero y llevó a una creciente cantidad de líderes occidentales a instar al reino a tomar medidas para hacer bajar los precios.

Tal vez no haya mejor ilustración del retorno de Arabia Saudita a un predominio en el mercado energético que el plan anunciado por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de visitar el reino en el verano boreal, como parte de sus esfuerzos por reducir la carga del precio de la energía en los norteamericanos de cara a las elecciones parlamentarias de medio período, en noviembre.

Los mercados claramente entendieron la señal política y de inmediato moderaron los precios del petróleo en las noticias, anticipando que una reunión entre Biden y Mohammed bin Salmán, príncipe de la corona de Arabia Saudita, resultará en una mayor producción sostenida por parte de la OPEP.

El regreso con fuerza del reino a la escena global también tiene una dimensión financiera. Este año los precios del petróleo han estado consistentemente por encima de $100 el barril, y esto hace que los ingresos presupuestarios y de balanza de pagos de Arabia Saudita estén aumentando.

El mes pasado el productor petrolero Saudi Aramco reportó ganancias récord. Como resultado de ello, el reino y otros productores de petróleo están buscando oportunidades para invertir la ganancia imprevista, mientras que los planes de gasto doméstico de los gobiernos se están tornando aún más ambiciosos.

Sin embargo, por más dramático sin duda que resulte este cambio, la nueva configuración del mercado petrolero es frágil, algo que las autoridades sauditas reconocen, especialmente, considerando la montaña rusa en la que han estado montados los precios del petróleo en los últimos años.

Ya hay señales de que los precios altos están afectando la demanda tanto directa como indirectamente. La moderación del consumo estará acompañada por el incentivo a hacer un uso más eficiente de la energía, una tendencia que el renovado énfasis en la seguridad energética no hará más que ampliar.

También deberíamos esperar que por el lado de la oferta se adapte, reduciendo la actual influencia dominante de la OPEP. Los productores de esquisto, particularmente Estados Unidos, aspiran a aumentar la producción.

El entorno regulatorio tiende a ser menos restrictivo. Y se están reforzando los programas de energía alternativa, incluso a través de mayores subsidios, como parte de los esfuerzos por abordar la crisis climática.

Después de décadas de relativa estabilidad, el dominio del mercado petrolero en los últimos 15 años, ya sea de la OPEP como de los productores de esquisto, ha demostrado ser efímero.

En vista de la creciente hostilidad hacia los combustibles fósiles, es poco probable que el cambio más reciente, en el que Arabia Saudita de repente y drásticamente recupera su papel de productor regulador, altere la dinámica a más largo plazo del mercado petrolero global.

Es solo una cuestión de tiempo hasta que por el lado de la oferta se ajuste y las consideraciones de la demanda vuelvan a mostrarse considerables.

Mohamed A. El-Erian, presidente del Queen´s College en la Universidad de Cambridge, es profesor en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania y el autor de “The Only Game in Town: Central Banks, Instability, and Avoiding the Next Collapse” (Random House, 2016).

© Project Syndicate 1995–2022

LE RECOMENDAMOS

En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.