Columnistas

Aprender a hacer frente a la amenaza china

La administración Biden debe seguir dando pasos en torno a los últimos avances en la creación de acuerdos de seguridad colectivos, como el pacto Aukus con el Reino Unido y Australia, y el Quad, con Australia, la India y Japón

La experiencia de Rusia, y sus persistentes ambiciones imperiales, también pone en cuestión el que un cambio de régimen en China implique que el país deje de desafiar a EE. UU. y sus aliados. (NICOLAS ASFOURI NICHOLAS KAMM/AFP)

Cuando el presidente estadounidense Bill Clinton respaldó el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio, sugirió que eso generaría cambios profundos «desde adentro hacia afuera». Al unirse a la OMC, China no simplemente aceptaría importar más productos estadounidenses, sino que «aceptaría importar uno de los valores más importantes de la democracia, la libertad económica». Además, predijo que cuanto más liberalizara China su economía, más plenamente liberaría el potencial de su pueblo.

La realidad ha resultado ser mucho más complicada. La noción de que el libre comercio conduce de manera inexorable hacia la democracia no comenzó con Clinton. George H. W. Bush, su predecesor, suponía lo mismo. «Ninguna nación sobre la tierra ha descubierto una manera de importar bienes y servicios del mundo y, al mismo tiempo, detener las ideas del extranjero en sus fronteras».

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