Columnistas

Anotaciones para no dejarse engañar por la política

Permítame darle unas sugerencias concretas sobre algunos aspectos a los que usted debería prestar especial atención

“Sentada un día en mi cuarto de estudio, rodeada toda mi persona de los libros más dispares, según tengo costumbre…”, es como Christine de Pizan comienza su relato sobre cómo y por qué escribió el libro que la convirtió en la primera mujer europea en ganarse la vida como escritora: La ciudad de las damas, publicado en el año 1405.

Su capacidad para escribir, es decir, de tener opinión propia, se originó en el estudio de los libros más dispares, como ella misma los califica, práctica indispensable para toda persona que desee ocuparse en el oficio de pensante.

¿Qué tiene esto que ver con mi artículo? Pues que para ejercer la ciudadanía, que entre otras cosas implica votar, se debe —sí o sí— pensar. Practicar el razonamiento es imposible si usted no se rodea de fuentes de información veraces y variadas. Nadie lleva a cabo el arte de la reflexión sumiéndose en sus propias ideas; ideas que, además, por la gracia de nuestro malherido narcisismo, creemos que son originales y están exentas de toda influencia dudosa.

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