Columnistas

¿Por qué las élites actuales prefieren agacharse ante el autoritarismo?

El ascenso de los tiranuelos siempre va acompañado de mercenarios de la desinformación y la propaganda que les hacen de comparsa, bufones del régimen disfrazados de periodistas

Periodistas, policías y guardias civiles esperan la liberación de diputados del Parlamento, frente al edificio del Congreso de los Diputados en Madrid, el 24 de febrero de 1981, tras un intento de golpe de Estado perpetrado por el teniente coronel Antonio Tejero de Molina y un grupo de extrema derecha de la Guardia Civil paramilitar. El gobierno español publicará los documentos clasificados sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando militares nostálgicos de Franco entraron en el Parlamento armados, anunció el presidente del Gobierno el 23 de febrero de 2026.
Periodistas, policías y guardias civiles esperan la liberación de diputados del Parlamento, frente al edificio del Congreso de los Diputados en Madrid, el 24 de febrero de 1981, tras un intento de golpe de Estado perpetrado por el teniente coronel Antonio Tejero de Molina y un grupo de extrema derecha de la Guardia Civil paramilitar. El gobierno español publicará los documentos clasificados sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando militares nostálgicos de Franco entraron en el Parlamento armados, anunció el presidente del Gobierno el 23 de febrero de 2026. STF
Periodistas, policías y guardias civiles esperan la liberación de diputados del Parlamento, frente al edificio del Congreso de los Diputados en Madrid, el 24 de febrero de 1981, tras un intento de golpe de Estado perpetrado por el teniente coronel Antonio Tejero de Molina y un grupo de extrema derecha de la Guardia Civil paramilitar. El gobierno español publicará los documentos clasificados sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando militares nostálgicos de Franco entraron en el Parlamento armados, anunció el presidente del Gobierno el 23 de febrero de 2026.
Periodistas, policías y guardias civiles esperan la liberación de diputados del Parlamento, frente al edificio del Congreso de los Diputados en Madrid, el 24 de febrero de 1981, luego de un intento de golpe de Estado perpetrado por el teniente coronel Antonio Tejero de Molina y un grupo de extrema derecha de la Guardia Civil paramilitar. (STF/AFP)

Acaba de conmemorarse en España un aniversario muy significativo del 23-F, ese día de 1981 en el que botas, armas y gritos amenazantes irrumpieron en el Congreso de los Diputados poniendo en riesgo la transición a la democracia en ese país, tras décadas de dictadura franquista. Un aniversario especial, porque los 45 años de la intentona golpista coincidieron con la publicación de los documentos hasta entonces clasificados al amparo de la ley de secretos oficiales y, sorpresivamente, con el fallecimiento, el mismo día de su desclasificación, del teniente coronel Tejero, quien, aunque no era la cabeza de la operación, sí fue su líder protagónico.

Pues bien, ese que fue el día en que estuvo en mayor riesgo la naciente democracia española, acabó siendo el de su firme consolidación. Y lo fue, como agudamente apuntó hace años Javier Cercas en su libro Anatomía de un instante, gracias a la valentía cívica de unos pocos individuos; lección sobre la que hoy, que retrocede la democracia en todo el mundo, invito a reflexionar, porque, así como entonces la democracia española nació del valor, hoy las democracias (como dije hace poco en este mismo espacio) están muriendo de cobardía.

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