Entre los preocupantes datos que nos deja el primer informe de la OCDE sobre Costa Rica, me atrevo a decir que hay uno que compromete, más que los otros, nuestro desarrollo y crecimiento en el futuro.
Resulta que casi el 50 % de los costarricenses de entre 25 y 34 años no han terminado la secundaria y, por tanto, no consiguen obtener un título profesional que les brinde mejores oportunidades.
Es espeluznante pensar en que casi la mitad de los adultos jóvenes, un grupo de gran peso en la población económicamente activa, se quedó a mitad del camino en su formación académica.
Pero lo más triste es que el estancamiento no solo impacta la calidad de vida de estas personas, sino también menoscaba la posibilidad de atraer inversiones con más y mejores empleos a nuestro territorio.
Lo anterior queda en evidencia al comparar la situación de los otros 37 países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El documento revela que Costa Rica es el Estado miembro con el menor porcentaje de adultos jóvenes con estudios completos de secundaria y advierte de que los indicadores incluso pudieron empeorar con la pandemia.
Por eso, no es de extrañar que la propia OCDE advirtiera de que la atracción directa de inversión a Costa Rica está en riesgo debido al bajo porcentaje de estudiantes graduados en ciencias y tecnología.
“Los resultados educativos no son satisfactorios y las empresas tienen dificultades para llenar las vacantes, en especial en puestos técnicos y científicos”, concluyó el informe de la organización.
Tal situación había sido señalada por empresarios y otras entidades, como el Consejo Nacional de Rectores (Conare), el cual previno en el 2021 sobre una caída en el número de graduados en las carreras del futuro.
Estos datos no solo ratifican la enorme brecha educativa que tenemos, sino también son una cachetada a un país que alardea de la alta calidad de su recurso humano.
Si no hay suficientes profesionales en ciencias, tecnología, ingeniería y matemática (STEM, por sus siglas en inglés), corremos el riesgo de dejar de ser atractivos para las transnacionales que tienen planes de expansión.
Por eso, considero que el amargo trago de realidad que nos dispensa la OCDE debe generar una reacción rápida y contundente para apoyar a los rezagados y fomentar las vocaciones asociadas a las carreras del futuro.

