
Les escribo a los lectores, pero, entre ellos, muy especialmente a usted, señor ministro. En primer lugar, debo felicitarlo porque, dentro del trágico panorama que enfrenta la educación nacional, su llegada al cargo ha constituido un factor positivo. Algunas de sus decisiones, de seguro con el apoyo del Consejo Superior de Educación, como las relativas a la promoción final de los estudios de bachillerato, han sido acertadas. Le aconsejo no desanimarse cuando le digan que no ha hecho suficiente porque quedan asuntos importantes por resolver. Siempre los habrá.
Estas observaciones las hago a raíz de los resultados de las pruebas PISA. Ese 70% de insuficiencia en matemáticas y ese 53% en lectura nos tienen ansiosos. Precisamente cuando más necesitamos elevar el nivel del estudiantado en asuntos básicos como la lectoescritura y las matemáticas, cuando más urge llenar el vacío que dejaron los terribles años de deterioro acumulados, de nuevo la evidencia nos golpea y añade más preocupaciones a las que, con seguridad, usted y gran cantidad de costarricenses tenemos por la situación actual.
La labor en educación es interminable y, a pesar de eso, debe ser sostenida con empeño y rigor técnico. Nadie debería desanimarse, aunque existan razones que lo justifiquen. En estos momentos tan complicados, la visión del país y del mundo obliga y obligará, en todas partes, a introducir cambios profundos en el currículo, de seguro constantes, pues la IA no solo acosa las mentes de niños y jóvenes, sino también el ejercicio profesional de los educadores y la civilización completa. La adaptación, unida a la resistencia ante lo negativo de lo que está ocurriendo, es imprescindible.
Hace tiempo vengo proponiendo intensificar la formación del alumnado dentro de criterios flexibles y, dentro de esa tónica, propuse en este mismo espacio aumentar un año la educación secundaria académica para igualarla con la educación técnica y con los estándares internacionales, precisamente para superar las deficiencias actuales y reducir el impacto que producirán los cambios en curso.
También sugerí disminuir las diferencias entre esas dos modalidades y aun con otras, pues el tsunami que se nos viene desde el punto de vista laboral va a dejar desfasadas todas –me atrevo a decir “todas”– las especialidades técnicas impartidas actualmente.
La formación debe centrarse en lo básico, en las habilidades lógico-matemáticas, en las capacidades de expresión y en la flexibilidad para enfrentar lo desconocido sin rendirse y sin dejarlo todo en manos de las máquinas.
La formación cultural va a llegar a ser la salvación de muchas personas cuando la dignidad individual se vea comprometida por la desocupación. Por supuesto, nadie recibió el mensaje y no los culpo. La gente está tan involucrada en los asuntos inmediatos y de detalle que desatiende el futuro, aunque su llegada, cargada de cambios radicales, esté a las puertas.
Para enfrentar la situación venidera, debemos enterar a los educadores de que el futuro de ellos, de sus hijos y nietos está muy comprometido y que, o nos salvamos remando en esta barca llamada Costa Rica, todos juntos y en la dirección correcta, o nos hundimos.
¿Sabrán maestros y profesores que en cualquier momento pueden ser sustituidos por chatbots, aunque no lo queramos? Solo con gran rigor en el cumplimiento de las tareas, con más empeño del que creían posible, lograremos salvar algo de lo que somos. Sí, las personas encargadas de educar o bien se hacen imprescindibles o dejarán de existir. ¡Se lo aviso a los gremios!
Me apena darle a usted consejos, pero… estoy muy preocupado por la posibilidad de que acepte la propuesta de reducir el calendario escolar y retrotraerlo a bastante menos de 200 días. Oí decir a alguien que, de por sí, se pierden clases en muchas actividades inútiles desde el punto de vista pedagógico, como si con menos días de clases fueran a desaparecer esas prácticas inconvenientes, cuando lo que se debe hacer es evitarlas a toda costa, como se hizo en el pasado, y se aumentó así el número de días lectivos. Ahora necesitamos más escuela, más colegio, no para retener al alumnado, sino para fortalecer su formación con tareas enriquecedoras.
Las razones de que algunos países hayan retrocedido en la valoración de PISA –España, entre ellos– no justifican nuestro rezago endémico. A pesar de sus descensos, siguen estando muy por encima de nosotros.
No he hecho un estudio comparativo sobre el número de días lectivos que existen en los países culturalmente más desarrollados (Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, España, etc.), pero, de seguro, no son pocos. Sin embargo, este aspecto fundamental no basta.
Queda también pendiente el asunto de cuántas horas de clase por semana se imparten en las instituciones educativas. Y esto último es vital. Necesitamos más aprendizaje efectivo durante más tiempo.
Resistirse a las presiones gremiales es duro y difícil –¡si lo sabré yo!–, pero, al final, usted se sorprendería del respeto y la admiración entre muchísimos educadores y ciudadanos que producen las actitudes firmes dirigidas a fortalecer la calidad de la enseñanza.
Cuando uno desempeña un cargo como el suyo, lo importante no son las encuestas, sino el aporte que se haya logrado hacer.
pachecof@me.com
Francisco Antonio Pacheco es exministro de Educación.