Costa Rica suele presentarse como un país que apostó tempranamente por la salud y la educación. Sin embargo, una nueva medición del Banco Mundial advierte de que esa inversión no está produciendo todo el capital humano que podría generar.
El Índice de Capital Humano Plus (HCI+) estima cuán probable es que los niños de hoy lleguen a ser adultos saludables, educados y productivos. A diferencia de otros indicadores, no se limita a contar los años pasados en las aulas ni se detiene al finalizar la secundaria. También incorpora la educación superior, la participación laboral y la posibilidad de seguir aprendiendo y acumulando experiencia a lo largo de la vida laboral.
Costa Rica obtiene 59 puntos. El promedio de los países de la OCDE es de 76, por lo que nos separan 17 puntos. La principal debilidad de Costa Rica es la educación. En este pilar, el país alcanza 57 puntos, prácticamente igual al promedio de América Latina y el Caribe, de 58, pero muy lejos de los 82 registrados por las economías de ingreso alto.
Para un país que aspira a competir mediante el conocimiento, la innovación y los servicios sofisticados, parecerse al promedio regional resulta insuficiente. El dato confirma un problema conocido: seguimos atrapados en una narrativa que celebra el número de años que las personas permanecen en el sistema educativo, sin examinar con suficiente rigor cuánto aprenden ni si logran completar sus estudios.
No basta con matricular estudiantes ni con mantenerlos formalmente dentro de las aulas. Deben salir de ellas con conocimientos y habilidades aplicables.
El mayor rezago se observa precisamente en la conclusión de estudios superiores. Apenas el 16% de las personas completa al menos cuatro años de educación terciaria, frente al 25% en América Latina y el Caribe, y el 52% en los países de ingreso alto.
El problema no es solo ingresar a una universidad: es permanecer, graduarse y convertir esa formación en capacidades productivas.
También existe una brecha de género. El puntaje de las mujeres es de 56, mientras que el de los hombres alcanza 62. La diferencia se debe principalmente al empleo, no a la salud. Las mujeres llegan al mercado laboral con capacidades similares, pero enfrentan menor participación, mayores interrupciones y obstáculos para acceder a empleos en los que puedan aplicar plenamente sus conocimientos. Si esa brecha se cerrara, el índice nacional subiría de 59 a 62.
El mensaje es claro: Costa Rica construyó una base importante de capital humano, pero demasiadas personas quedan a mitad del camino. No basta con llevar a los niños a la escuela. Hay que asegurarse de que aprendan, completen estudios superiores o formación técnica avanzada y encuentren empleos en los que puedan aplicar y ampliar sus capacidades.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
