Uno de los aspectos de la vida moderna que ha cambiado bastante durante la segunda mitad del siglo XX es la comida. En el primer ejemplar de este año de la revista The Economist, se da a conocer un dato interesante: el 55 por ciento de lo que el estadounidense promedio gasta en comida corresponde a consumo de alimentos fuera de su casa y el 45 por ciento de las comidas servidas en la casa consiste en alimentos que compra ya preparados.
Aunque los datos no sean generalizables a todas las poblaciones, no es descabellado pensar que los costarricenses vamos por el mismo camino y, en especial, la clase media. Antes, la gente acostumbraba salir a cenar o a almorzar y ahora salen hasta a desayunar. ¿Por qué? Se puede citar, al menos, cinco razones para creer que tendemos a cocinar cada día menos. Primero, el número de mujeres que trabajan fuera de su casa y carecen de tiempo suficiente para cocinar está aumentando. Segundo, la costumbre de la jornada continua impide que el trabajador almuerce en su casa. Tercero, el número de hogares unipersonales se incrementa y cocinar para una sola persona es poco eficiente (el trabajo y el gasto de energía suele ser similar si se cocina para una persona o para cuatro). Cuarto, cada día hay más dificultades para disponer de empleadas domésticas con aptitud para la cocina. Quinto, existe una inclinación evidente hacia la comodidad, como lo muestra la sofisticación actual de los aparatos electrodomésticos disponibles para la cocina.
Cada vez que vamos a comer, nos encontramos básicamente, ante tres opciones: cocinar en casa, comprar comida hecha o comer fuera. La primera es la opción que tiende a ser más económica, pero también más laboriosa. La tercera es la más onerosa, pero es la que implica el menor esfuerzo. La segunda es la opción intermedia. Lo más razonable es recurrir a una mezcla de opciones, porque mantenerse con una sola resulta, a la larga, muy aburrido. Sin embargo, es esta opción intermedia la que vale la pena comentar porque puede tener un desarrollo importante en el futuro.
¿Qué tipo de alimentos preparados o semipreparados están ahora a la venta en nuestro país? Tenemos productos enlatados (tradicionales y novedosos), alimentos congelados (listos para freír, hornear o hervir), alimentos semipreparados (verduras peladas, cortadas o picadas) y comidas listas para servir. En algunos supermercados se vende, incluso, picadillos y plátanos maduros fritos.
El rápido aumento en la oferta de este tipo de alimentos sugiere que su demanda también está creciendo. Vender alimentos preparados equivale a vender un servicio, pues quien lo consume está pagando la comodidad de no cocinar. Se trata de un servicio muy útil porque la cocina es una de las tareas domésticas más arduas (en general, se cuentan tres turnos de comida). El desarrollo de esta línea de productos parece, entonces, deseable y necesario. Pero es importante establecer ciertas condiciones para que esta opción resulte verdaderamente beneficiosa.
Creciente demanda. El artículo de The Economist, mencionado anteriormente, daba a conocer, por otra parte, que la obesidad estaba aumentando en EE. UU. El exceso de peso es un problema individual que se convierte en problema nacional en los países que cuentan con sistemas de seguridad social. La obesidad está asociada a un buen número de enfermedades cuya atención y tratamiento repercute seriamente en el presupuesto de las instituciones dedicadas al cuidado de la salud.
Es por eso que para ver con buenos ojos el desarrollo del comercio de productos preparados o semipreparados, estos deben cumplir con un mínimo de requisitos, como ofrecer una buena relación precio-calidad y satisfacer las normas establecidas de higiene y nutrición. Además, para lograr la aceptación generalizada de los consumidores, la oferta de productos debe ser variada. Los productos no preparados pueden ser cocinados de muchas formas, permitiendo al consumidor disfrutar de ellos en varias presentaciones. Los productos preparados, por carecer de versatilidad, deben ofrecer variedad.
Esta línea comercial tiene muchas posibilidades de éxito en Costa Rica. El país cuenta con buenos profesionales en gastronomía, nutrición y tecnología de alimentos. Si los productores no fallan en creatividad, ingenio y seriedad, podrán atender satisfactoriamente la creciente demanda de los consumidores.