Se llama Eva. Es el primer niño clonado, vive en Israel y nació el 26 de diciembre del 2002. Por lo menos, así nos querría hacer creer la secta de los raelianos. Por fortuna, este anuncio parece falso. Sin embargo, la clonación humana representa una verdadera amenaza a la dignidad humana y los derechos fundamentales de todas las personas.
La clonación humana consiste en crear un ser, cuyo material genético es virtualmente idéntico al de otro humano. La forma más común de crear clones consiste en sustituir el núcleo de un óvulo no fecundado con el núcleo de una célula del organismo que se quiere clonar. El óvulo se transforma en un embrión que, eventualmente, puede ser implantado en el útero de una mujer con el de fin gestar un ser humano clonado.
Técnica inaceptable. Desde un punto de vista filosófico y ético, la clonación humana es inaceptable ya que reduce al ser humano a un simple objeto de producción industrial. La posibilidad de crear innumerables copias de una misma persona y de diseñar seres humanos para ciertos usos específicos devalúa la dignidad intrínseca de la persona y el carácter único, individual e insustituible del ser humano. Además, esta forma de reproducción asexual atenta contra el valor de la familia y del matrimonio como célula básica de la sociedad.
Algunos científicos han defendido la llamada clonación experimental o terapéutica, en la que se crea un clon humano para realizar experimentos científicos con él. Estos investigadores señalan que el uso de clones permitiría desarrollar nuevas técnicas médicas utilizando células madres embrionarias. Algunos alegan que los clones podrían servir de bancos de órganos, sin que exista el problema del rechazo de los trasplantes.
Esta técnica es igualmente inaceptable: la clonación experimental siempre causa la destrucción y muerte de los embriones humanos. Un embrión es un ser humano en la etapa más vulnerable de su desarrollo, es persona. Pretender extraer órganos o las células madres para utilizarlos en otro ser equivale a extraerle los órganos vitales a un infante para utilizarlos en un adulto. Esta práctica es incompatible con los derechos humanos, aun cuando se la quiera disfrazar con la dialéctica técnica de los expertos en biotecnología. Más aún, algunos de los defensores de la clonación experimental tratan, en el fondo, de enriquecerse con los cuantiosos beneficios económicos que podrían surgir de la destrucción de los embriones.
Decisión visionaria. Es necesario prohibir esta práctica aborrecible. Algunos países ya han adoptado legislación que prohíbe la clonación humana en todas sus formas. Sin embargo, la gran mayoría de naciones aún no la han regulado. Por esta razón, hace dos años, Francia y Alemania propusieron que las Naciones Unidas estudiaran la posibilidad de prohibir la clonación humana con fines reproductivos. Sin embargo, un grupo de más de 40 países, incluidos España, Italia, EE. UU. y la mayor parte de Latinoamérica, han señalado que es indispensable prohibir al mismo tiempo la clonación experimental.
Las negociaciones se encuentran en un impasse . Algunos países, como la República Popular de China y Singapur, se oponen férreamente a que se prohíba la clonación experimental. Otros consideran inaceptable una prohibición parcial que legitime, implícitamente, esa práctica. En este contexto, el Gobierno de Costa Rica, fiel a su larga tradición a favor de los derechos humanos, propuso recientemente el texto completo de un tratado internacional para prohibir todas las formas de clonación humana.
Esta visionaria propuesta de Costa Rica pretende ser una contribución constructiva al proceso de negociación. Aspira no solo a prohibir todos los tipos de clonación humana, sino también a establecer reglas claras para facilitar la investigación, juicio y extradición de quienes cometan este crimen.
Ahora es necesario que todos los países se pronuncien en contra de la clonación humana en todas sus formas y en pro de los derechos fundamentales de la persona y de la dignidad del ser humano.