Lo conocí hace unos 20 años cuando ya era una leyenda en Cartago. En una de nuestras primeras conversaciones le pregunté cuánto tiempo había vivido en Costa Rica y me respondió, con una sonrisa socarrona, que, posiblemente, más tiempo que yo. Después de aclararle que yo había estado en Costa Rica unos 10 años más que él, pasamos a hablar de mil temas. Esta conversación continuó en varios almuerzos y reuniones de distinta clase que tuvimos a lo largo de los años.
El Capitán Hope era fundamentalmente un científico, a quien lo apasionaban los secretos de la naturaleza y el afán de producir cada día plantas más vigorosas, mejores semillas y flores más bellas. Sin embargo, a diferencia de otras personas con una vocación como la suya, que se realizan plenamente en el ejercicio intelectual de la investigación, él era, además, un hombre sumamente pragmático. Creía apasionadamente en el quehacer científico pero no como una actividad meramente especulativa sino, además, como un instrumento que le permitiera la creación de mayor riqueza para ayudar a sus semejantes.
Filántropo auténtico. Esa es la tercera característica de este hombre excepcional que quiero señalar: además de un científico con rasgos pragmáticos, Claude Hope fue un filántropo en el verdadero sentido de la palabra. Distribuyó parte de las acciones de la compañía que fundó y manejó con gran éxito entre los trabajadores que lo habían acompañado desde el principio; creó un fideicomiso que ha permitido solucionar más de 1.500 problemas de vivienda; ayudó a las escuelas y a otras instituciones de varias comunidades y, sobretodo, se preocupó permanentemente por educar.
Su incansable afán de aprender se proyectaba, con igual intensidad en su interés por enseñar a los demás. Enseñó inglés; enseñó ciencias; enseñó administración; enseñó técnicas agronómicas y, sobre todo, enseñó disciplina. El grupo de hombres y mujeres que se beneficiaron del contacto con él son los mejores testigos de esta virtud suya.
Cuando los años lo abrumaron y no podía movilizarse para ver los cultivos, buscó la manera de llegar a ellos. Cuando le fallaron los ojos, buscó desesperadamente la manera de continuar leyendo; cuando lo abandonó la vida, un pueblo entero, a quién él le había llevado la esperanza de una vida mejor, le rindió su emocionada despedida.
(*) Exvicepresidente de la República