Opinión

Cielos abiertos

Hay que revisar la política gubernamental en materia de líneas aéreas nacionales

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Desde que apareció la aviación, los Estados han recurrido a utilizar el espacio aéreo para la defensa de su soberanía o llevar la guerra a otras regiones, mejorar las comunicaciones entre sí y utilizar el transporte aéreo con fines humanitarios, comerciales o turísticos. Por su carácter estratégico en seguridad y desarrollo económico, los países han limitado el uso de su espacio aéreo y promovido la creación de entes que lo utilicen en beneficio nacional. Es explicable la tendencia a restringir el uso del espacio aéreo por naves de guerra extranjeras y aún su explotación civil con fines comerciales, por ser un recurso de grandes beneficios para las naciones, equiparable al uso de los mares. Es costumbre que los Gobiernos suscriban entre sí tratados para permitir, con ciertas restricciones y bajo un régimen de deberes y derechos, que empresas extranjeras utilicen su espacio aéreo sin que, a pesar de las actuales corrientes globalizadoras, aún se haya podido establecer la política de cielos abiertos, entendida como aquella que permitiría la libre circulación de naves civiles de un país en los espacios aéreos de otros, lo que algunos propugnan para incremento del intercambio comercial y turísticos sin restricciones.








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