La justicia es ciega, pero no tiene por qué ser insensible. La administración de justicia corre, camina o duerme dependiendo de valores, experiencias y trayectorias personales de sus jueces.
Según “sabiduría convencional”, cuando se nombra a un juez, debe abstraerse de experiencias y sensibilidades, sicológicas y sociológicas, de los candidatos. Pero también hay otra opción: integrar, a las calidades meramente jurídicas y técnicas de los candidatos, orígenes, género, etnia y biografía personales.
Atestados impecables. Esta es la visión del presidente Obama al nominar a Sonia Sotomayor para la Corte Suprema de Justicia. Los atestados jurídicos de esta extraordinaria mujer son impecables. Se graduó con honores en Princeton y Yale. Fue una destacada fiscal, litigante y jueza con amplia trayectoria. Sin embargo, lo que saltó a la atención pública fue que ella sería la cuarta mujer y la primera hispana en llegar al supremo tribunal de justicia de los Estados Unidos. También que viene de un hogar humilde, de familia emigrada de Puerto Rico, que creció en un proyecto de vivienda pública del Bronx, en New York, y que pudo estudiar gracias a becas ganadas con enorme esfuerzo y disciplina personal y familiar.
¿Cuenta eso para poder ser un buen juez? Ella piensa que sí: “Yo esperaría –dijo en un discurso en 2001– que una mujer latina, con la riqueza de su experiencia, podría llegar, más veces que no, a mejores conclusiones que un hombre blanco que no tenga esas experiencias”.
Obama es también de esa opinión. Para él la “empatía” es uno de los elementos decisivos en sus candidatos a jueces. Según Obama, “en la vasta mayoría de los casos la ley es absolutamente clara. Eso es absolutamente cierto. En el 95% de los casos solo se requiere formación y buen intelecto, leer la ley y estudiar el caso. Pero es ese otro 5% el que realmente cuenta. En esos casos la letra de la ley no basta, hay que buscarle el corazón”.
En esa misma ocasión dejó claro su criterio para nominar jueces: “Necesitamos a alguien que tenga el corazón –la empatía– para comprender lo que significa ser una madre adolescente, la empatía para entender lo que significa, en este país, ser pobre o negro, la empatía para saber lo que es ser discapacitado, homosexual o viejo. Ese es el criterio con el que seleccionaré a mis jueces. ¿Está claro?”.
Razones del corazón. ¿Contradice esto nuestra visión sobre la imparcialidad de la Justicia? ¡No lo creo así! La mente que analiza una conducta jurídica, además de razonamientos legales, se carga de valores personales y de opciones de vida. La visión ética se nutre de sociología. Intereses de grupo o clase, visiones ideológicas y sensibilidad personal toman presencia en muchas sentencias, que por legales, no tienen que ser insensibles. Ahí nace la multiplicidad de opciones judiciales que no resisten una mera confrontación lógica. Son las razones del corazón.
Bush nombró en la Corte Suprema a Samuel Alito, también de Princeton y de Yale, una promoción delante de Sotomayor. Cuando estudiante, Alito protestó por el aumento del número de mujeres en la universidad. Sotomayor, en cambio, presentó un caso formal contra la discriminación en el empleo y la admisión en esa misma universidad. Alito trabajaba en sus vacaciones como pasante en grandes firmas legales. Sotomayor hacía trabajo voluntario para los latinos en un hospital siquiátrico. ¿Tendrán ambos la misma visión del mundo a la hora de juzgar?
¿Logrará llegar a la Corte Suprema? Eso no lo sabemos todavía. Los sectores más conservadores ponen en entredicho su nombramiento. Lo que sí conocemos es su camino: una familia muy pobre que antes que lujos optó por una carísima Enciclopedia Británica, para que estudiaran sus hijos; dos hermanos que optaron por el estudio y no por la parranda; grupos de estudio del barrio que debatían sus tareas alrededor de la mesa familiar. Ahí se formaron mente y valores. Así se hizo sensible Sonia para entender a su barrio y a su gente, pero también se hizo fuerte, porque su propio ejemplo le enseñó que la pobreza no es una condena inapelable y que el amor de una madre puede hacer la diferencia.
Ojalá llegue al máximo tribunal de su país, a administrar justicia como lo ha hecho, desde hace 17 años, con una justicia ciega, pero con corazón.