Volví a la bella Costa Rica para entrevistar a la artista más estupenda que ha producido ese país. Me encantó volver a conocer sus famosas bellezas, justamente célebres y conocidas de todo el mundo.
Pero más que nada me impresionó la persona que tuve la inmensa suerte de conocer. Creo que pocos son los ticos que saben que en su tierra se halla la artista más admirada del Papa, una persona adorada por algunos de los personajes más destacados del siglo: Neruda, García Márquez y Almodóvar, para citar algunos; una persona cuyos triunfos en México, Argentina, EE. UU., España, Francia y Alemania (paro de contar) le han dado fama inmortal.
Vive en una modesta casa de San Joaquín de Flores, donde nació hace ya 80 años. Ha vuelto en los últimos años a Costa Rica después de vivir la mayor parte de su vida en el exterior, principalmente en México. Con su arte del canto -campo en que no cabe rival ningún en toda la extensión de Latinoamérica- se ha cubierto de gloria.
Hablo de la Llorona, la espléndida, la única Chavela Vargas. Con su inmensa tristeza ha criado una obra tan bella que en sus conciertos en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana, en el Olimpia de París (donde apenas cuatro latinos han cantado), los principales teatros de Madrid y de Buenos Aires, no cabe ningún asiento vacío. Pocas personas tienen una leyenda como la suya. En esos países no puede caminar en las calles sin que los ciudadanos le echen flores a sus pies.
Pero en su propia patria ha caído en un olvido indigno de su nación. Nunca le han ofrecido el palco del prestigioso Teatro Nacional; nunca le han galardonado con ningún honor nacional.
Esta artista única vive casi olvidada en San Joaquín. Mientras el Teatro Nacional gasta millones en traer a artistas extranjeros, no se aprovecha la dichosa presencia de esta gran cantante. Me parece que ya llegó la hora de darle el honor que tanto merece.
Hermosísima y volcánica como su tierra, Chavela es un tesoro nacional costarricense. Ella ya está vieja; sería una verg,enza que se vaya sin que recibe el homenaje merecido de su patria. Su arte debe ser patrimonio nacional.
Muchos son los países que se pueden enorgullecer de poseer playas hermosas, montañas verdes y gente amable, como Costa Rica, pero esta pequeña nación tiene la suerte única de llamar hija suya a la mayor voz de su generación: Chavela Vargas.
(*) Escritor neoyorquino