Yalena de la Cruz (Página 15, 18/11/02), defensora de la censura, censura que los libertarios censuremos. ¿Se trata de un juego político o de un juego de palabras? Quizás ambos. El Diccionario de la Real Academia (DRAE) reporta ocho significados para la palabra “censura”. Basta mezclar dos de ellos para generar tamaña confusión, tan incongruente como acusar a alguien de maltrato animal por levantar el carro con una “gata” (¡pobre gata!).
Para nosotros, “censurar” significa “corregir, reprobar o notar por malo algo” (DRAE); para un estatista, censurar significa “dicho del censor oficial o de otra clase: Ejercer su función; imponer, en calidad de tal, supresiones o cambios” (DRAE). Por supuesto que hablamos lenguajes diferentes; aunque la etiqueta dice lo mismo, el contenido difiere. Mientras los libertarios aceptamos la censura como apelación moral, necesaria y legítima en una democracia, para el estatista y el autoritario la censura debe recurrir a la fuerza y prohibir la libertad de expresión, recurriendo para ello a decomisar bienes, castigar con la cárcel y otras sanciones.
Toda una ideología sub- yace en estas diferencias. Se trata de la concepción que tenemos de lo que es el ser humano y de cómo hay que tratarlo. Para nosotros, la forma de conseguir el cambio en una persona es a través de las armas de la persuasión. Si descubrimos que alguien ha hecho algo impropio, inadecuado, indebido o irrespetuoso, apelamos a la censura moral. Los estatistas, por el contrario, creen que las personas deben ser controladas, reguladas, obligadas, y solicitan la intervención del Estado para coaccionar a los otros. La interpretación estatista de las relaciones humanas es inhumana y antisocial por esencia.
Los libertarios seguimos defendiendo el sagrado derecho a la libertad de expresión, como siempre, y con la misma firmeza recurriremos a la censura moral como apelación a la conciencia cuando alguien use mal esa libertad de expresión. Y seguiremos condenando (“censurando”) la censura estatista, que es una violación a esa libertad de expresión. Porque, como usted bien lo dice, “con censura no hay democracia”. Espero que siga sosteniendo siempre eso.