El hecho de que yo sea el único miembro de mi familia que ha ingresado a una universidad pública me llena de profundo orgullo. Estoy aprovechando una oportunidad que mis padres, quienes llegaron a Costa Rica en busca de una mejor vida, nunca tuvieron. Y, ya fuera por la época o por la sociedad en la que vivieron, ni siquiera pudieron imaginar.
Que alguien de la familia pudiera aspirar a algo más que un trabajo en construcción o en cocina parecía imposible hace 20 años, y gracias a la universidad pública, yo –y espero que en el futuro, mi hermanito y primos chiquitos– puedan romper esos límites impuestos por la falta de oportunidades.
Miguel A. Hurtado González, La Fortuna de San Carlos
Pensando en 2030
Las elecciones de 2026 dejaron una realidad que la oposición costarricense debería analizar con serenidad. El movimiento político surgido alrededor de Rodrigo Chaves ha demostrado poseer una base electoral importante y gran capacidad para mantener cohesionados a sus seguidores. Frente a ello, encontramos una oposición fragmentada, debilitada y, en muchos casos, más ocupada en sus diferencias internas que en construir una alternativa para el país.
Pensar desde ahora en el año 2030 no significa iniciar prematuramente otra campaña electoral. Significa comprender que una opción diferente no se construye solo criticando al chavismo ni cuestionando a quienes lo apoyan. Se requiere recuperar la confianza de ciudadanos que se alejaron de los partidos tradicionales, presentar nuevos liderazgos y formular propuestas concretas sobre seguridad, empleo, educación, salud y costo de vida.
Tampoco parece suficiente reunir partidos bajo una bandera común cuyo único propósito sea oponerse al oficialismo. Una eventual convergencia tendría que sustentarse en acuerdos mínimos sobre el país que se quiere construir.
El 2030 todavía está lejos, pero si la oposición continúa dispersa y sin una propuesta capaz de entusiasmar más allá de sus propios partidarios, podría llegar a las próximas elecciones preguntándose, demasiado tarde, por qué no comenzó a reconstruirse desde ahora.
Guillermo Rivero González, Desamparados, San José
Talento nacional invisibilizado
El proyecto de rock alternativo Magpie Jay, fundado en San José y conformado por Sebastián Suñol, Felipe Apéstegui, Felipe González y Martín Brandt; la agrupación Suite Doble, integrada por Marta Fonseca y Bernal Villegas, y la cantautora Guadalupe Urbina son todos artistas costarricenses. Sin embargo, muy pocos vamos a reconocer a estos autores, porque la mayoría carece de conocimientos sobre la gran variedad de música que es creada en el país. Esto hace que Costa Rica parezca un país desinteresado por el talento nacional.
¿Por qué, si hay tanto talento aquí, se invisibiliza el arte? La respuesta es la falta de presupuesto y de espacios para que los músicos realicen sus actividades. El Ministerio de Cultura debe buscar formas alternativas para potenciar nuestra música y su apreciación.
Ling Sánchez Vargas, Grecia, Alajuela
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