Parece fácil, simple palabra, pero cuántas tormentas nos ahorra el valor de aprender a decir que no.
Al decir no, quizás se pierda un amigo, pero se gana el peso de la tranquilidad. Al decir no, se escapa una solvencia esquiva, pero se evita el yugo de la deuda innecesaria.
Al decir no, nos alejamos del estruendo de fiestas interminables, para hallar en el refugio de la soledad el espacio donde habitan los valores.
Al decir no, proyectamos nuestra esencia: esa integridad que nace del acuerdo entre lo que el alma piensa, lo que la voz pronuncia y lo que la mano ejecuta.
Gonzalo Zumbado Zumbado, Belén de Heredia
Sentido de la existencia
Cada persona habita una versión distinta del mundo. Para algunos, el trabajo define sus días; para otros, la prioridad es sobrevivir. Mientras unos se ocupan del poder y las ideas, otros se refugian de bombas o viven entre la incertidumbre y el miedo. Al mismo tiempo, hay quienes destinan recursos al ocio y al entretenimiento.
La existencia humana transcurre en realidades profundamente desiguales, marcadas por condiciones económicas, sociales y políticas, aunque todos compartimos un mismo planeta.
Cuando ampliamos la mirada, la ciencia revela la inmensidad del universo, con miles de millones de planetas. Desde esa escala, nuestras divisiones parecen insignificantes. Sin embargo, los sistemas que hemos creado –fronteras, ideologías y desigualdades– siguen separándonos.
Quizá el sentido no esté en acumular o dominar, sino en reconocer que formamos parte de una misma historia en un pequeño planeta. Entenderlo podría ser el primer paso para reducir las distancias que nosotros mismos hemos construido.
José Zelaya Villegas, Alajuela
Gastos excesivos en la ‘U’
La carta de un menú lujoso financiado por el FEES (proveniente del pago de impuestos del pueblo) no puede ser la carta de presentación de la mejor universidad de Centroamérica. Igual, con el tema de los viajes que realizan los rectores. No cuando cientos de profesores y administrativos viven en condición de interinos, sin vacaciones ni aguinaldos de 12 meses. Y algunos llevan toda una vida en esa condición. También pienso en los estudiantes, en especial los que vienen de zonas rurales o urbano-marginales, que apenas tienen para sus comidas diarias. Aunque el presupuesto se lo permita (algo que debe corregirse), no significa que las altas esferas de la universidad deban gastar a manos llenas.
Mario Valverde Montoya, San Rafael de Montes de Oca
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