En mayo del 2024, con esfuerzo e ilusión, mi esposa y yo compramos un carro JAC T9 4x4 AT. El día de la entrega fue de mucha felicidad; sin embargo, la alegría fue breve, porque, seis meses después de estrenarlo, el vehículo –de casi $50.000– se dañó. Aquí empieza la pesadilla: lo llevamos a la agencia y ya lleva tres meses de estar ahí, desarmado.
La experiencia ha sido frustrante: de idas infructuosas a la sucursal en busca de soluciones, de pocas respuestas por parte del gerente de la agencia de la Uruca y de ninguna del contralor de ese local.
De lo poco que han dicho, nos indicaron que ya mandaron a traer los repuestos, pero ni siquiera dan una fecha de entrega y, a estas alturas, no sabemos cuál fue el problema que tuvo el carro.
Nos parece justo que la empresa proceda ya con la devolución del dinero, pues, con esta experiencia, ya no queremos seguir ligados a la marca JAC. Y no solo por las fallas del vehículo, sino por la desatención y los silencios que hemos recibido por parte de la agencia.
Luis Steven Arrieta Quirós, Heredia
Gracias, AyA
Deseo manifestar mi gratitud al AyA por su gestión ante la reciente crisis de abastecimiento que sufrimos en el distrito primero de Puntarenas. Esto se debió a un derrame de hidrocarburos en las cercanías de los pozos de abasto y su eventual contaminación. La respuesta de la Administración regional fue pronta, oportuna y suficiente para distribuir agua potable en nuestro vecindario por medio de camiones cisterna y el emplazamiento de tanques provisionales en locaciones estratégicas. Este tipo de respuestas institucionales hacen de Costa Rica esa nación diferenciada que somos hasta hoy.
Herbert E. Contreras Vásquez, barrio El Carmen de Puntarenas
120 casquillos en mi barrio
El martes pasado amanecí con la noticia de que, en mi barrio de crianza, el barrio Chirivico en Concepción de Alajuelita, asesinaron con ametralladoras a dos personas del rango de mi edad. La Policía encontró 120 casquillos de munición pesada... para matar a dos personas.
En ese barrio, donde yo nací y crecí, viven hoy mi abuela, tías, primos y primas. Todas personas trabajadoras, estudiantes, gente de bien. Es angustiante saber a los niveles de violencia a que ha llegado mi país. En las mismas calles donde un día jugué fútbol, bolinchas, escondido y anda, ahora hay ráfagas de balas a las 2 de la madrugada, como si viviéramos en guerra, sin ley y sin orden.
Estamos en una guerra en que los bandos reclutan adolescentes para que sean terroristas a sueldo. ¿Para qué ser honesto y responsable? Si mi jefe me da un arma para cobrar o hacer pagar. Los niños crecen viviendo esta guerra. La ven sus teléfonos, en sus barrios, en la violencia normalizada que impera en Costa Rica.
Nos han fallado los políticos con promesas vacías. Mi llamado es a que exijamos acciones concretas y políticas públicas que detengan esta guerra, que ofrezcan alternativas de educación y trabajo en las comunidades más vulnerables. Que vivan siempre el trabajo y la paz.
Josué David Tuz Villalobos, Cóbano, Puntarenas
Desilusión con Chaves
Quedé impactado con la noticia de que Costa Rica se abstuvo de votar en la ONU una resolución en que se condenaba la invasión ilegal de Rusia a Ucrania.
No sé qué razones tuvo don Rodrigo para que el gobierno diera un viraje de 180 grados a última hora. Tenía entendido que él era un acérrimo critico de la invasión rusa. Tanto había sido su apoyo que el gobierno de Ucrania lo condecoró con la orden del príncipe Yaroslav el Sabio. La ceremonia fue en la Cancillería, en octubre del 2024. Parece que a nuestro presidente no le explicaron lo que significa esa orden, porque, rompiendo una tradición ancestral, se pasó al lado de los agresores, dándoles la espalda a los guerreros ucranianos.
Me imagino que don Rodrigo debe de tener mucha vergüenza. Si yo estuviera en su situación, contrato a un mensajero y devuelvo esa distinción con las disculpas del caso.
Don Rodrigo, en su momento, hablé con mi familia, amigos y conocidos para que votaran por usted. Hoy me apena este episodio tan bochornoso. No se puede ser neutral ante la injusticia. Mirar para otro lado no es de valientes.
Moisés Sancho Quirós, Guápiles, Pococí
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