Nogui Acosta corrige innecesariamente el “lapsus” de haber llamado presidente a Rodrigo Chaves, como también lo ha hecho, gestual y verbalmente, Laura Fernández, al tratar de enmascarar o maquillar su “penúltima” expresión repugnante e impropia de su investidura contra un ciudadano cartaginés.
Innecesariamente, porque, además de ser vox populi, es ya también mens populi (“mente del pueblo”) que quien ha seguido gobernando es Chaves. Es una situación inédita y posiblemente impensable en muchos países democráticos: que un expresidente decida quién será su sucesora y se convierta en un supraministro de las dos carteras más importantes, desde las cuales sigue dictando líneas básicas para su indisimulado proyecto autocrático. Esta tendencia a concentrar y acaparar poder es, de por sí, un síntoma autoritario.
Además de su corrección, Acosta se empeña en justificar el traslado, en buses pagados por el gobierno, de personas de diversas localidades afines a su partido, para crear un ficticio apoyo al gobierno. Argumenta Acosta que también tenían el derecho y el deseo de saludar al presidente (sic), ignorando, imperdonablemente, el verdadero motivo de esa reunión en Cartago: celebrar la más importante efeméride de la patria, el inicio de nuestra vida independiente y libre.
Jorge Andrés Camacho Ramírez, Heredia
Un seguro no tan seguro
Soy usuario de Pan-American Life Insurance (Palig) y, si bien en algunos procedimientos dan buen servicio, en lo que se refiere a preautorizaciones son inmensamente ineficientes. Llevo seis meses en los que Palig parece haber buscado atrasar de toda forma posible la cirugía que requiero, aplicando excusa tras excusa para darle largas al asunto. Asimismo, me hicieron pagar dineros que no debía y, después, han buscado excusas y tecnicismos para retrasar esos reembolsos.
El servicio al cliente solo trabaja entre semana y dura días en responder, aun cuando el plazo establecido es de dos días.
Para lo lucrativo que es el negocio de los seguros, es vergonzoso el servicio que brinda Palig. Urge una intervención interna y una auditoría detallada por parte de la Sugese. Los derechos de los asegurados no deben ser letra muerta.
Emiliano Céspedes Pol, San Pedro de Montes de Oca
El difícil arte de escuchar
Si no importan la preferencia religiosa o sexual, la forma de vestir, los tatuajes, la etnia o la edad de quien nos coloca un marcapasos o practica una resucitación cardiopulmonar (RCP) con pericia, ¿por qué deberían importarnos cuando tenemos que escuchar al otro?
Hay una paradoja: cuando está en juego nuestra vida, confiamos en el saber de quien puede salvarla sin preguntarnos quién es. Pero, cuando se trata de escuchar, muchas veces dejamos de atender lo que dice y comenzamos a juzgar quién creemos que es.
Escuchar al otro supone algo más incómodo: no reducirlo a una etiqueta o identidad que nos resulte familiar. Escuchar no significa estar de acuerdo, sino aceptar la diferencia sin convertirla inmediatamente en motivo de descalificación.
Quizá la pregunta sea, entonces: si reconocemos que el saber del otro puede salvarnos la vida, ¿por qué nos cuesta tanto concederle un lugar cuando lo único que está en juego es escucharlo?
Luis Guillermo Morales Alfaro, Alajuela
¿Por qué cuestan lo mismo?
Renovar el pasaporte no es lo mismo que emitirlo por primera vez, pues en el primer trámite se incurre en gastos de papel especial, portada, etc. Para renovarlo, en cambio, el Estado no enfrenta esos mismos costos. No obstante, ambos trámites cuestan exactamente lo mismo.
La Dirección General de Migración estipula una tarifa idéntica para ambos, aunque los trámites y los costos para el Estado son muy diferentes.
Tarifa base: $75 + ¢250 de un timbre.
Comisión bancaria del BCR: $15.
¿Por qué todo está expresado en dólares? ¿Por qué ambos trámites cuestan lo mismo si son tan diferentes?
Habib Succar Guzmán, Zapote
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