El 23 de junio acudí a la oficina del ICE en Tibás –y no ha sido la primera vez que voy allí a consultar– a hablar con “un técnico” que me atendiera en la plataforma de servicios. Esperé pacientemente mi turno y, cuando me tocó, le pedí a ese “empleado pleno de deseos de atender a un jubilado” que, por favor, me borrara la aplicación que a cada rato me aparecía en la pantalla y no me dejaba llamar ni mensajear cuando quisiera.
No sé si el funcionario comenzó la semana cansado o estaba trasnochado, o si será que piensa que él nunca va a estrellarse contra la pared de la tercera edad. Lo cierto es que me dio un largo “discurso” para, finalmente, concluir que para futuros problemas semejantes al consultado, debía dirigirme a alguien de una tienda de celulares o de taller de servicio (adonde tendría que pagar por la consulta). Entonces, ¿para qué está él en el ICE?
Cuando fui a comprar mi teléfono, el vendedor de Kölbi se esmeró para que yo adquiriera un plan y me repitió que, ante eventuales problemas con mi celular, acudiera a cualquiera de las oficinas del ICE y que ahí me solucionarían la situación. Con tal promesa de buen servicio, no dudé en adquirirlo. ¿Era una mentira piadosa o qué?
Le recuerdo al ICE que en el país existen Claro, Tigo y otras muchas telefónicas. ¡No se crean únicos!
Carlos G. Soto Rodríguez, San Juan de Tibás
Las Rosas, tierra de nadie
Los vecinos de Las Rosas de Tibás llevamos años soportando una situación cada vez más insostenible. Nuestras calles se han convertido en una sede no autorizada para clases de manejo y escenario frecuente de choques contra vehículos, viviendas, árboles y mobiliario público, además de atropellos a personas y animales.
A diario, sufrimos conducción temeraria de carros, motos, bicicletas y cuadraciclos, con piques, maniobras peligrosas y motores alterados que perturban la tranquilidad del barrio. También se dan fiestas constantes en espacios públicos, consumo de licor y drogas, música a alto volumen y basura, que terminan recogiendo los propios vecinos.
A esto se suma la creciente inseguridad: vehículos ajenos permanecen estacionados vigilando los movimientos de los residentes, mientras aumentan los robos y asaltos. Las denuncias ante la Municipalidad parecen no dar resultados y la Fuerza Pública carece de recursos suficientes para atender la situación.
Mientras tanto, Las Rosas sigue sintiéndose como una verdadera “tierra de nadie”.
María G. Hernández Montero, Tibás
Respuesta del BCR
Agradecemos al señor David Rodríguez por su carta (15/06/2026). En efecto, recibimos un contracargo por transacciones de comercio electrónico no reconocidas (al ser de este modo, no tiene injerencia la VISA) y, luego de la gestión respectiva –la cual involucra una revisión exhaustiva para seguridad de nuestros clientes y la determinación de que no hubo vulneración de los canales del Banco– se ha reintegrado al cliente lo correspondiente.
Adicionalmente, se ha confirmado que don David no tiene pólizas registradas, por lo que no se han registrado cobros por este rubro.
Lamentamos los inconvenientes presentados durante este proceso y le agradecemos que manifestara sus comentarios a través de este medio.
Karina Araya Chaves, Relaciones Públicas BCR
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