Somos los clientes quienes aportamos el 100% de las exorbitantes utilidades de los bancos: pagamos comisiones por retirar dinero en cajeros automáticos, por mantener una cuenta en dólares, por atrasarnos un solo día en una cuota. Asumimos supuestos gastos legales o administrativos sin justificación; tenemos tasas de interés que rozan la usura en créditos pequeños para personas humildes; incluso se cobran hasta $5 por imprimir un estado de cuenta necesario para tramitar una pensión no contributiva inferior a los ¢100.000.
También contribuimos cuando se cierran sucursales para reducir costos y nos toca soportar largas filas por falta de personal, o cuando, ante estafas, la responsabilidad recae siempre en el cliente.
Los altos jerarcas bancarios se reparten parte de esas ganancias financiadas por millones de personas humildes, pensionados, adultos mayores, agricultores y pequeños emprendedores.
Ojalá las nuevas autoridades impulsen una reforma integral a la Ley del Sistema Bancario, que elimine el reparto de utilidades entre jerarcas y personal, especialmente en la banca estatal. ¿Dónde queda el fin social que debería caracterizarla? ¿No son ya los empleados bancarios de los mejor remunerados del país?
¿Por qué no destinar parte de esas utilidades a un fondo de crédito accesible para quienes hoy recurren a prestamistas informales?
La banca estatal debe servir al desarrollo y a la equidad, no convertirse en un negocio más a costa de sus propios clientes.
Ileana Rojas Badilla, San Antonio de Desamparados
Energía solar
A partir de este mes, casi un millón de estudiantes regresarán a escuelas y colegios para iniciar el curso lectivo. La mayoría hará largas filas para calentar sus almuerzos en hornos microondas, utilizando electricidad.
Por otro lado, ya estamos en época de verano, con una buena radiación solar. Esta fuente gratuita de energía puede aprovecharse para calentar los alimentos sin costo alguno, como lo hago desde 1979. Cerca de 30 centros educativos en distintas zonas de Costa Rica ya utilizan este sistema.
Si alguien desea conocer cómo construir y usar estos dispositivos, con gusto puedo brindar la información por medio de mi correo: snandwan@yahoo.com
Shyam Nandwani, profesor pensionado, investigador y promotor de la energía solar
BN y el valor del tiempo
A punto de vencerse mi tarjeta de crédito del Banco Nacional, realicé la solicitud del nuevo plástico por vía telefónica. Tras indicarme los inconvenientes de la entrega a domicilio, me pidieron elegir la sucursal más cercana y me dijeron que llamara antes de ir, para saber si ya la tarjeta estaba en la sucursal.
Obediente a las instrucciones, días después llamé al centro de llamadas. Más de 40 minutos de espera para indagar sobre el nuevo plástico –aunque debo reconocer que la persona al teléfono fue muy atenta–. Entretanto, la grabación hacía evocar no muy gratas experiencias con la entidad bancaria.
Mientras resolvían mi consulta, resonaba en mi cerebro la cinta, recordándome que “mi tiempo era lo más importante”.
José Luis Valverde Morales, Escazú
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