Denuncia en el CFIA
Colegio ha tardado en responder
El tiempo de respuesta del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA) para atender las denuncias por posibles faltas a la ética de sus agremiados es muy lento. Hace siete meses puse una queja contra una empresa constructora y la institución no dice aún cuándo iniciará la investigación. Muchos ciudadanos se ven afectados por profesionales inescrupulosos. El Colegio debería atender estos casos con más agilidad.
Álvaro Barrantes Anchía
San Antonio de Belén
Igualdad absoluta
Hay quienes propugnan una igualdad absoluta, en donde las mujeres deben comportarse igual que los hombres; no obstante, mi preocupación está relacionada con el consumo de alcohol y otras drogas. Algunas mujeres quizá han entendido erróneamente el discurso feminista o igualitario, y, con tal de no verse como menos ante los hombres, adoptan un comportamiento idéntico, sin tomar en consideración el daño que se están haciendo y a sus familias.
Las mujeres cada vez beben más. Se está dando una “igualdad” en el consumo, que no es deseable, ya que, desde el punto de vista biológico, las consecuencias del consumo de alcohol son mayores para las mujeres, que pueden sufrir más los problemas causados por la bebida, aunque consuman las mismas cantidades que los hombres.
Esta diferencia obedece a diversos factores: además de tener menos masa corporal, la mujer también metaboliza el alcohol por vías distintas.
El consumo de licor repercute en la vida de sus seres queridos. Por tanto, debe existir un discurso claro, correcto, y educar en que la igualdad que se busca es la que haga feliz y plena a la mujer, que le dé confianza en sí misma, para emprender proyectos, herramientas para enfrentarse en igualdad de condiciones a la vida para evitar el sufrimiento y la frustración.
No es una igualdad por la igualdad, que destruya vidas y torne inútil la lucha que se ha dado durante tantos años.
Carmen Cascante Arias
Vázquez de Coronado
Acuerdos necesarios
Contrario a la posición de algunos diputados, siempre dispuestos a bloquear toda iniciativa, nos parece muy saludable el acuerdo entre el gobierno y la Uccaep para avanzar en el tema fiscal, asunto que no puede esperar más.
La única forma de enfrentar la ingobernabilidad de este país es mediante este tipo de acuerdos que ponen por encima de los intereses gremiales o patronales la urgencia de contar con una reforma que ayude a paliar las deterioradas finanzas públicas.
Es temerario, además, que los padres de la patria pretendan descalificar al presidente de esta organización, Ronald Jiménez, por la participación de sus empresas como contratista del Estado, lo que puede hacer cualquier empresa del país si cumple con el marco jurídico establecido.
Gustavo Elizondo Fallas
Santa María de Dota
Entrevista a magistrado
En la entrevista al magistrado de la Sala Constitucional Luis Fernando Salazar ( La Nación 1/3/16), el periodista lo interpela acerca de la sentencia de la Corte-IDH con respecto a la fecundación in vitro (FIV). El magistrado responde como debe, con discreción, a un interrogatorio donde no se percibe un mínimo de profesionalismo.
El periodista pregunta sobre un tema delicado, porque incluye vidas humanas, pero, en toda la entrevista no se menciona lo principal: las vidas humanas que pueden ser destruidas si no se siguen los lineamientos que la misma Sala Constitucional dejó claros hace muchos años. Eso que nuestra Constitución protege. Eso que nos hace ciudadanos costarricenses con todos los derechos, nueve meses y diez días antes del nacimiento. Eso que las parejas quieren para sus hijos aun antes de concebirlos.
El colega pregunta por qué no se permitió la técnica en cuestión, qué papel jugará ahora la Sala Constitucional, si lo percibe como un “golpe” a su autoridad, si la Sala es conservadora, si hizo bien en mantener su posición aun después de la sentencia de la Corte, etc. Pero no hay mención a las vidas humanas que se pueden destruir.
¿Que Costa Rica todavía es muy conservadora? Ojalá, digo yo. Entonces, mantendríamos aquellos principios con los que criaron a sus hijos nuestros antepasados. Para inculcarles esos valores a sus hijos, nuestros antepasados habrían dado la vida. Pero ahora parece que nadie los conoce y menos los respeta. Ojalá fuéramos un poquito más conservadores.
Ana Piza Escalante
San José