Lo sucedido con las mascarillas adquiridas por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) no tiene nombre. Excusas como que hubo error, que no se fijaron en la etiqueta, etc., son inaceptables.
Los jerarcas estaban advertidos de que no eran para uso médico y, sin embargo, las recibieron y autorizaron la distribución a los hospitales. Eso se llama inmoralidad, irresponsabilidad, incompetencia. Justifican sus altísimos salarios por ser especialistas muy calificados. ¡Qué sarcasmo! En qué manos está la salud pública.
Pero, como siempre, a los responsables no les pasa nada. No hay quién los lleve ante los tribunales.
Galo Vicente Guerra Cobo, Aranjuez
El miedo
Otra comisión legislativa investigará las finanzas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Comparecerán las autoridades de la entidad para exponer su conocido discurso lleno de excusas por la crisis de los seguros sociales.
Como en otras oportunidades, las causas están en factores exógenos y la pandemia es la madre de todos los males.
Nadie cuestionará las faltas de la administración, la injerencia política, la inacción en vista del cambio demográfico, el pago del subsidio por incapacidad como salario, la prescripción de un procedimiento administrativo por un daño patrimonial de ¢24.000 millones y hasta el uso del IVM para pagar pensiones ajenas al sistema.
Los asegurados y los contribuyentes pagaremos las costosas facturas, sin que alguien nos explique por qué. No habrá explicaciones, ni siquiera de los entes fiscalizadores porque hay miedo de que salgan a la luz pública asuntos que serían un socollón a la institucionalidad.
Jorge Herrera Fernández, Alajuela
Ruido interno
Hay un ruido que desde hace unos meses está en mis oídos y me hace pensar lo que nunca pensé que sucedería aquí. Pensé: “Esto se termina, esto desanima, esto no es de jugar”.
Un retumbo con hambre de verdad y mucho esfuerzo de gente que no puede más. Para muchas personas, jamás será del olvido vivir la esperanza en pie por lograr un trabajo. Enfermedad del demonio que quiere vernos sufrir y desmayar, pero no lo logrará. Tenemos mar, playas, bosques, ciudad, todo al natural, junto con un pueblo siempre sano de pensamiento que puede alejar este ruido o enfermedad aunque sea poco a poco.
Gustavo Halsband, San José
Restricción vehicular
La restricción vehicular es una aberración de este y otros gobiernos con el propósito de cercenar mi derecho de circular por todo el territorio. De esta manera, no puedo desarrollar mis actividades productivas o recreativas.
Hace más de una década nos dijeron que era una medida provisional, ahora, en plena pandemia, nos limitan, aún más, sin fundamento científico que demuestre su impacto negativo en la propagación de la pandemia.
Existen parqueos diferenciados, vehículo por medio, para mantener el distanciamiento social y promover el comercio. Para qué abrir la economía si me obligan a acatar horarios y días para compras u otra actividad.
Sabemos que la pandemia no se termina en uno o varios meses, sencillamente debemos aprender a convivir con ella, a cuidarnos todos de manera responsable sin esperar que las autoridades nos digan qué cosas podemos hacer la siguiente semana o mes. Sobra decir que sabemos el riesgo y que no somos inmunes.
Jorge E. Varela Solís, Moravia
Mascarillas chinas
La adquisición de mascarillas, cuyo valor asciende a varios millones de dólares, fue adjudicada a dedo, a una empresa experta en publicidad política.
Otros 700.000 cubrebocas llevan en el empaque la advertencia de que no son para uso médico y el gerente de Logística de la institución, en respuesta escrita a La Nación, dice: “Esa marca no es parte del inventario del almacén”.
Luego decretan el silencio sepulcral para ahogar la información del affaire y China, a través de su embajada, afirma que sus donaciones al gobierno se llevan a cabo “sin ningún intermediario”.
Si es cierto que el presidente dijo que no debe quedar piedra sobre piedra, que empiece la demolición sacando al director de la CCSS.
Camilo Cifuentes Correa, San José
Agradecimiento
En nombre de mi familia y el mío, agradezco a la Dra. María Auxiliadora Chacón Barboza, al audiólogo Julio Rojas Céspedes y al enfermero Walter Venegas Ortega, de consulta domiciliar del Área de Salud de Coronado, porque durante bastante tiempo atendieron a mi padre, Antonio Lizano, con profesionalismo, carisma y entrega total. Entre todos le dieron una mejor calidad de vida.
Flor de María Lizano Cordero, Coronado