En diciembre, cometí el inmenso error de hacerme un baby lipo, un procedimiento para extraer, con una cánula delgada, grasa localizada y modelar el contorno del cuerpo. Lo hice con una médica que se publicita como cirujana y experta en medicina estética. No era cierto. Es médica general.
Me extrajo una cantidad exorbitante de grasa: tres litros, lo que me provocó unos niveles de fibrosis de terror. Además, dejó demasiada piel suelta que se adhirió directamente al músculo y causó fibrosamiento. ¡Mi abdomen es como un chicle! Ha sido algo muy doloroso. Dejé los masajes con esta señora y acudí a un médico que sí tiene todas las calificaciones. Él está tratándome con enzimas, ultrasonido, ondas de choque y masajes. Todo, con la esperanza de recuperar mi salud a varios meses plazo.
Traté de comunicarme con la señora que me operó, pero ni siquiera me contesta el teléfono. Aparentemente, cada vez que tiene un caso de mala praxis, bloquea a la víctima y listo. Estoy viviendo esta experiencia junto con dos mujeres más que se operaron en la misma semana que yo.
Considerando que han fallecido tres mujeres este año, creo que es muy importante que esto se publique. ¿Por qué? El Colegio de Médicos, adonde ya presenté mi denuncia, está formado en su mayoría por médicos generales, y muchos de ellos quieren ejercer en lo que sea, sin tener la preparación. ¿Será que, cuando llegan las denuncias, las descartan? Lo cierto es que siguen presentándose infinidad de casos horribles de negligencia que nunca llegan a difundirse. Me avergüenza confesar lo que hice, pero creo que es muy importante que los ciudadanos se informen bien.
Gabriela Rossi, Escazú
Planes reguladores
Hoy en las municipalidades del país se exige tramitar primero un permiso de construcción para luego poder obtener los medidores de electricidad y de agua. Sin embargo, uno de los requisitos básicos para iniciar este proceso es contar con el plano catastrado de la propiedad.
Esto evidencia la enorme importancia de que cada cantón disponga de un plan regulador vigente y actualizado. Cuando esta herramienta no existe, los ciudadanos no pueden catastrar su propiedad, enfrentan atrasos, trámites imposibles de completar y, en la práctica, quedan sin acceso formal a servicios básicos como el agua potable y la electricidad.
Ante la falta de planos catastrados y la ausencia de ordenamiento territorial claro, muchas personas terminan optando por construir sin permiso y conectarse informalmente a los servicios existentes de vecinos. Esto genera menores ingresos a la municipalidad, riesgos, conflictos legales, problemas de seguridad y un crecimiento urbano desordenado que afecta a toda la comunidad.
El plan regulador no debe verse como un simple requisito técnico, sino como una garantía de desarrollo ordenado, seguridad jurídica y bienestar social.
Jaime Morera Monge, ingeniero electricista
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