En La Nación del 1º de octubre apareció el comentario del expresidente Rodrigo Carazo Odio "Concesión o venta: ¿para qué?".
Se nos riega la bilis leer tamaña demagogia de aquel gobernante que hipotecó a Costa Rica en $2.000 millones e hizo caer el Producto Interno Bruto per cápita en un 54 por ciento durante su administración. Además, el porcentaje de hogares pobres en el país pasó de un 13,4 por ciento en 1977 a un 30 por ciento en 1983, según el doctor Robles Cordero, profesor de Economía de la Universidad de Costa Rica.
Dice el expresidente Rodrigo Carazo: "Viví la Costa Rica del Ferrocarril al Atlántico en manos extranjeras, sufrí los teléfonos y la energía en manos de inversionistas foráneos." ¿Quién está hoy para preguntarle dónde estaba el Gobierno para hacer el ferrocarril, haciendo una inversión gigantesca en aquella selva entre Limón y la Meseta Central? ¿Cuándo estaba mejor este ferrocarril que prestaba servicio al público y al comercio: hoy o hace 50 años? Hoy lo tiene el Gobierno, ¿cuántos trenes corren por día entre Limón y San José?
Yo también viví los teléfonos antes del ICE, cuando el Gobierno no permitía una tarifa razonable para invertir en mejoras. Costa Rica tuvo la "fama" de tener la central manual más grande del mundo moderno porque la compañía no pudo aumentar tarifas. Hace unos 30 años, tuve que hacer cola de 300 metros en el Barrio Aranjuez para solicitar un teléfono del ICE. Todavía -después de estos 30 años- el ICE no da abasto con las solicitudes de teléfonos.
No, don Rodrigo, no use el Ferrocarril al Atlántico ni al Pacífico y mucho menos los teléfonos como ejemplos de una eficiente administración de un Gobierno.