
El profesor emérito de la Universidad de Costa Rica y expresidente del Banco Central, Dr. Eduardo Lizano Fait, acaba de publicar un libro intitulado Controversias . Según él, se trata de comentarios bibliográficos , pero don Eduardo Ulibarri Bilbao, distinguido comunicador que escribe la presentación, sostiene correctamente que “van mucho más allá”.
La obra me quedó como anillo al dedo, para cumplir el ofrecimiento que hice a lectores y lectoras de esta página de continuar dos artículos que escribí aquí el 1/11/08 (“Industria, dinero y dos capitales) y el 10/01/09 (“Tapaojos económicos”). En efecto, voy a aprovechar el comentario que hace don Eduardo sobre un libro de William Baumol, Robert Liton y Carl Schramm, cuyo título es Buen Capitalismo, Mal Capitalismo y la economía de crecimiento y prosperidad . Precisamente, la idea que expuse en mis artículos es que los economistas del Banco Central, especialmente el presidente ejecutivo de esta institución, no toman en cuenta esa distinción que hace Baumol y otros: no saben –o no quieren reconocer– que hay diferentes sistemas capitalistas y componentes de ellos, algunos convenientes o buenos y otros inconvenientes o malos; es decir, no cuestionan el sistema vigente, suponen tácitamente que es necesario, conveniente y homogéneo.
Raíces del sistema. Desde hace muchos años vengo escribiendo sobre ese tema, pero he sido incapaz de persuadir a mis colegas del Banco Central y otras instituciones para tomarlo en cuenta. Francamente, me cansé de insistir y encaminé mis reflexiones a otros problemas sociales y aspectos de la vida. Sin embargo, ante el descalabro del sistema capitalista que vi venir desde finales de 2005 y principios de 2006, retomé las críticas. Y varias veces he emplazado amistosamente al colega economista Dr. Francisco Gutiérrez –Presidente del BC y principal autoridad de política económica nacional– sobre la necesidad de enfocar las raíces, no solo los síntomas, de los problemas económicos que enfrentamos, pero no he logrado atraer su atención y despertar su interés. Entiendo su situación: ya lo decía mi recordado profesor James Duesenberry, con su excelente humor, “Los economistas, en la práctica, solemos estar tan ocupados, cuidando el sistema, que no tenemos tiempo para pensar sobre él”. No obstante, es necesario –y cada vez más urgente– “sacar ese tiempo”, según la expresión popular, para replantear los problemas y diseñar políticas nuevas, porque, si no lo hacemos, temo consecuencias funestas.
Mis artículos contienen elementos para ese efecto. Los escribí con dos objetivos: contribuir al diálogo y la educación del público, por lo cual planteé las ideas en la manera menos técnica posible; segundo, incitar a los funcionarios del Banco Central, especialmente los economistas, a rendir cuentas a los ciudadanos, para cuyo efecto he señalado al presidente ejecutivo, don Francisco Gutiérrez, como autoridad superior.
Puntos de partida. Otra opción se encuentra en el último capítulo del libro de don Eduardo Lizano, en lenguaje académico y técnico. Advierto que tengo varias críticas al pensamiento de los autores allí tratados, pero sus ideas proveen de buenos puntos de partida o referencia sobre el tema que interesa.
Esos autores describen cuatro tipos de capitalismo: uno, guiado por el Estado; otro, de estructura oligárquica; uno, de grandes empresas; y otro, de numerosas empresas. Esta clasificación es sumamente imprecisa o gruesa, pero es susceptible de afinamiento y sirve para iniciar una reflexión sobre lo que llaman “capitalismo bueno” y “capitalismo malo”. Los economistas del Banco Central podrían empezar por determinar a cuál tipo corresponde el capitalismo costarricense; así, dispondrían de criterios para decidir cómo y hacia dónde orientar la economía nacional, con más realismo y coherencia, considerando el interés mayoritario.