Cuenta la historia que el rey Canuto, de Dinamarca e Inglaterra, decidió acabar con las mareas altas que afectaban a los pueblos en las orillas marinas y, para ello, se trasladó a la playa. Luego, en marea baja, hizo levantar un trono y se sentó en él, y empuñando su cetro y vistiendo su corona y galas, ordenó a la mar que no subiera más. Canuto, sabiéndose rey, creyó que la mar no desafiaría su voluntad; pero, con las horas, el agua empezó a subir y, cuando lo cubría casi por entero, sus cortesanos debieron rescatarlo. Así aprendió que las leyes de la naturaleza se dan al margen del deseo de los reyes.
De la misma manera, muchas realidades sociales escapan a la voluntad de los Reyes, y un gobernante no puede pensar que -por elegido, bienintencionado o sabelotodo- su decreto debe ser obedecido por doquier.
Leer la realidad. Lo que está sucediendo en nuestro país con el llamado "combo del ICE" se veía venir. El malestar se ha acumulado en diversos grupos sociales que han ido quedando rezagados en sus oportunidades de educación, salud, vivienda, trabajo, recreación. Hoy, con la única razón que tienen los fenómenos sociales, las marchas de protesta contra el "combo" expresan el descontento de un pueblo que se siente distante de sus gobernantes; ignorarlo es no leer la realidad y cegarse con la luz.
Su equipo debería rescatar al presidente Rodríguez como los cortesanos lo hicieron con Canuto, y proponerle con sensatez que retire el "combo" de la corriente legislativa y envíe un proyecto con puntos de consenso como la modificación del sistema de licitaciones públicas para eliminar sus trabas, sin librar los fondos públicos de la vigilancia de la Contraloría; el cambio del sistema de dirección superior para eliminar las presidencias ejecutivas y las juntas directivas 4-3 e instaurar gerencias y juntas directivas técnicas y no políticas; y la prohibición del traslado de fondos de Instituciones Autónomas al Gobierno Central, para que éstas puedan reinvertir y modernizarse según sus requerimientos.
Además, debe propiciarse la discusión de dos puntos fundamentales:
* ¿Debe el Gobierno Central pagarles o no a las instituciones autónomas los dineros que éstas le han trasladado? En el caso del ICE, ¿debe éste condonarle los ¢80.000 millones?
* ¿Debe el Estado competir en el mercado por medio de empresas, o -como dice Fabián Volio- "el Estado no compite en el mercado: o asume la función porque hay un interés público, o se deshace -por completo- de ella"?
Transformación necesaria. Nadie medianamente cuerdo puede oponerse a la necesaria transformación del Estado, para cumplir sus fines en el marco de los nuevos tiempos, de la globalización y la apertura de mercados. Pero en este campo, hay que ir despacio porque precisa; por eso, sobre la organización interna del ICE, su organización y competencia, y lo relativo a energía y a telecomunicaciones, el Gobierno debe abrir un Gran Foro de Debate Nacional (y no escudarse en otros del pasado), que haga posible una transformación legal conocida y avalada por la mayoría ciudadana (no por cúpulas políticas), en temas tan delicados como la explotación de los recursos en parques y reservas nacionales, la generación de energía, la concesión del espectro radioeléctrico y el control de los espectáculos públicos, sobre todo los de difusión televisiva.
El presidente Rodríguez puede ampliar la democracia fomentando la discusión y participación ciudadana en los asuntos de fondo que plantea la necesaria modernización de las instituciones públicas y la reestructuración del Estado costarricense, o ignorar el descontento popular, a riesgo de lesionar sensiblemente la democracia y la paz. Ojalá que en esta ocasión brillen sus dotes de estadista para gobernar con la gente, ideal de las democracias participativas del milenio que apenas comienza.