Ronald Matute. 20 junio

El día que llevamos a vacunar a mi hija contra el cáncer de cuello de cérvix, la enfermera nos aseguró que era el mejor regalo que mi esposa y yo podíamos darle.

Una vez que nos explicaron el grave riesgo que representa el virus del papiloma humano y los múltiples beneficios de la vacuna, no dudamos en ponérsela.

El cáncer de cuello uterino mata a 130 mujeres al año en Costa Rica. Cada 12 horas, una mujer es diagnosticada en nuestro país con esa enfermedad: un total de 2.768 casos fueron registrados entre el 2011 y el 2015.

La mayoría de las víctimas son jovencitas y adultas en edad productiva, cuyas ilusiones caen en una espiral de incertidumbre al contraer el mal.

Cuando vacunamos a mi hija, hace casi dos años, la adquisición de este medicamento representaba un costo porque solo se podía conseguir en una farmacia privada.

Las niñas tienen hoy la bendición de acceder al tratamiento en forma gratuita, luego de que la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) la incluyera en su esquema de vacunación.

De hecho, este año la CCSS emprendió una campaña masiva para inmunizar a 35.000 pequeñas menores de 10 años contra el virus del papiloma humano.

A pesar del evidente interés público de esta iniciativa, algunas voces han estado tratando de satanizarla a punta de mentiras y medias verdades.

Inspirados por alguna razón oscura, personas y grupos están aprovechando el alcance de las redes sociales para publicar todo tipo de disparates.

Estos irresponsables se han dejado decir que la vacuna produce esterilidad, que promueve la promiscuidad o que, más bien, acelera la aparición del cáncer.

Las autoridades sanitarias garantizan, con base en abundante evidencia científica y experiencia en otros países, la seguridad de este producto y su prolongada cobertura.

Es válido tener dudas; lo que no se vale es aceptar como cierto todo lo que circula en los chats del barrio, de los mejengueros o de los papás de los alumnos de sexto grado.

Por eso, hay que vacunarse contra la ignorancia. Hay que acudir a fuentes serias a preguntar y repreguntar. La salud de sus hijos bien vale este pequeño esfuerzo.

Ronald Matute es jefe de Información de La Nación.