Siempre he creído que todos los oficios y modalidades de trabajo son dignas, respetables e importantes. Sin embargo, es evidente que hay trabajos menos atractivos, más fastidiosos y poco placenteros. Uno de ellos, y con todo respeto para quienes lo practican, es el de encargado de recoger la basura, los días lunes y jueves, al menos en el área de San José. Recibí un mensaje, como los que se reciben con el solo hecho de desplazarse por las calles de cualquier ciudad, de parte de un grupo de estos trabajadores.
Venía molesta por la presa que hacía, en la vía pública, un inmenso camión recolector de basura. Como no podía obviarla, me sorprendí a mí misma mirando la actitud que tomaron los jóvenes muchachos que cumplían esa labor. En la parte trasera del inmenso camión se abre una gran boca donde deben caer las bolsas de basura. Los muchachos convirtieron lo anterior, es decir el trabajo de recoger bolsas de basura, en un juego de baloncesto: por turnos, una vez del lado izquierdo y otra del derecho, corrían a recoger de las aceras la correspondiente bolsa/bola. Luego, con los giros y piruetas propias de esos jugadores, con vivacidad y dinamismo, lanzaban la bola/bolsa de basura y "encestaban" en la gran boca/canasta del camión. Los restantes compañeros, vitoreaban por la proeza.
Cancha móvil. No creo equivocarme en pensar que en esos momentos (como nos sucede a todos en otros contextos o situaciones) uno "era" Michael Jordan, otro Scottie Pippen, otro Karl Malone y otro Shaquille O'Neal. Confieso de paso que los medios me han hecho conocer más a los jugadores extranjeros que a los nacionales, de allí el ejemplo. Estos muchachos se inventaron su "ficción" y se construyeron, en aras de atenuar un trabajo tan poco atractivo, una cancha de baloncesto móvil que atravesaba las calles de San José. Convirtieron lo duro de su trabajo en algo lúdico y atractivo.
La necesidad de crearnos "ficciones" no es privativo de este grupo. Ellos ejemplifican una forma de comportamiento que, con más o menos intensidad, con mayor o menor frecuencia, y dependiendo de muchas circunstancias, todos practicamos. Pues todos construimos ficciones; y también hay quienes se las construyen a otros como paliativo al enfrentamiento de situaciones adversas. Baste recordar la película "La vida es bella" donde un padre logra construirle a su hijo la idea de que un campo de concentración no es algo espantoso, sino vivible. Desde el título, esta película se puede considerar el ejemplo epítome de la capacidad de crear ficciones como forma de supervivencia.
Quería compartir con los lectores la lección que recibí de cuatro jóvenes jugando baloncesto en un camión/canasta y con una bolsa de basura como bola.