La Asamblea Legislativa es conocida como el sitio en donde los diputados se dirigen unos a otros a gritos y con palabras altisonantes y provocadoras. La sabiduría popular intuye también que, después de esas poses, los actores se abrazan y, entre risas y chistes, departen y consumen en jolgorios pagados con los impuestos de todos.
Contra eso se votó el 3 de febrero. Ya no se tolera más. Estamos empeñados en limpiar la cancha. Les hemos tomado la palabra a diputados de otros partidos y confiamos en que, a partir del 1.° de mayo, daremos prenda de que hacemos lo que decimos: reducir (a la mitad por lo menos) los 340 empleados de confianza en la Asamblea Legislativa, sellar las bodegas de licores, poner en venta casi todos los carros que transportan diputados (¿por qué no todos?); dejar de servir comidas en reuniones, de pagar horas extras, de pagar a los diputados que no asisten a sesiones, y muchas cosas más. Ya se ha hablado bastante de eso. Hay que hacerlo.
Hablando... Pero ¿qué hacer una vez que se quita el ruido? También son buenas las señales. Pongámoslas, eso sí, en práctica. Sugeriría a mis compañeros diputados, de todos los partidos (seguro de que no hay que hacerlo con las damas diputadas), que en esos primeros días no nos gritemos unos a otros, que no ataquemos a los partidos políticos ni a sus ideas (por supuesto, que denunciemos lo que es éticamente reprochable). Que conversemos. Que busquemos áreas de coincidencia. Que planeemos nuestro trabajo para que sea productivo y eficiente. Para que cumpla con las expectativas de quienes nos eligieron. No tenemos derecho a fallarles.
Ya nos hablan de "agenda de trabajo". Ya se nos dice que hay asuntos en segundo debate y que otros vienen con opiniones de la Sala Constitucional. Nos urgen también a "poner a despacho" los asuntos que nos interesan y que están en trámite en la actual legislatura. Pongamos cuidado. A lo mejor, si atendemos esas "urgencias" de nuevo, nos vamos a empantanar. Eso no nos lo perdonaría la población. Son demasiadas las esperanzas de muchos (y las dudas de algunos) de que podamos hacer algo distinto.
"Ya no estamos para que nos vengan con leyes de las que no nos han avisado", nos dijo un ciudadano de Parrita en un encuentro en el que se preguntaba sobre las expectativas y exigencias que tienen sobre los diputados de Acción Ciudadana. Eso vale para los otros legisladores, sin duda. Ya lo hemos visto: en lo legislativo, el trabajo "entre muros", por más intenso que sea y aun si es bien orientado se torna inaplicable si no ha sido previamente "socializado". Hay que hacerlo así. La población es la que manda. Tiene razón.
Algo distinto. ¿Por qué, entonces, no dedicar unas semanas del trabajo inicial a conocernos (no lo hagamos a gritos, reitero), a buscar puntos de coincidencia, a analizar la legislación en trámite, a preguntar al Poder Ejecutivo sobre su agenda y sus propósitos, a escuchar a todos quienes tengan algo que decir en torno a lo que tenemos después que resolver? Mal haríamos, repito, si nos enfrascamos de inmediato en la vorágine de votar, de increpar, de acusar y de gritar. Vale la pena hacerlo distinto.
Hagamos foros en los que participen en la Asamblea Legislativa quienes saben y han estudiado el tema en discusión. Escuchémoslos y hagámoslo en público (con el apoyo de la televisión estatal). Involucremos a la sociedad en la toma de decisiones. El producto será bastante mejor. Los resultados serán leyes efectivas y aceptadas por todos por que han considerado el bien común y no los intereses de unos pocos.