Opinión

Así hablamos los ticos

Un país que no sabe hablar tampoco sabe pensar

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La expresión la consigno tal cual la oigo todos los días de mi vida: “O sea, ¿me entendés...?”. Manierismo insoportable, exordio a una narración que suele no arrancar nunca, cantinflesca y exasperante posposición del discurso. Para la antología: un día de estos –tomé nota rigurosa del evento– oí a un estudiante universitario comenzar una conversación de la siguiente manera: “O sea, me entendés, idiay, total que a fin de cuentas lo que pasó fue que...”. ¡Incapacidad absoluta para estructurar y formular el pensamiento, atolladero donde las palabras buscan, a tientas y trompicones, el concepto!








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