A mi llegada a Universidad Hindú de Banaras en octubre de 1956, me alojé en una casa de la ciudad universitaria. Semanas más tarde me di cuenta de que en todo el país empezarían las actividades en conmemoración de los 2.500 años de la vida y muerte de Siddhartha Gautama, el Buddha, (el que ha despertado o, como lo llaman los occidentales, el iluminado). Entre las exposiciones que vi en Banaras estaba la de una roca con inscripciones en una escritura para mí, entonces, desconocida. Era una de las inscripciones del famoso emperador Ashoka, del siglo III a. C. Esa escritura tuve que aprenderla años más tarde en el curso de paleografía antigua de la India, que recibí en la Universidad de Amsterdam con la brillante especialista doctora J. van Lohuizen de Leuw. Entonces supe que se trataba de inscripciones que Ashoka mandó poner a lo largo y ancho de su imperio, igual que columnas llenas de inscripciones. Consisten en los decretos que él dio a conocer a su pueblo.
También en el parque arqueológico y el museo correspondiente de Sarnath, lugar a pocos kilómetros de la antigua ciudad de Banaras o Varanasi, vi columnas con decretos de Ashoka.
¿Qué dicen esas inscripciones y por qué la importancia de que el pueblo las conociera? ¿Por qué la importancia de Sarnath? Fue el lugar en que el Buddha histórico predicó su primer sermón, el famoso sermón de las Cuatro Nobles Verdades.
Primera y única.En segundo lugar, Ashoka dejó grabación de sus decretos en otros lugares importantes en la vida del Buddha. ¿Qué nos dice Ashoka? Por primera, y tal vez única, ocasión en la historia, un rey poderoso nos confiesa las matanzas que él hizo para conquistar territorios y agrandar su imperio. Ashoka nos confiesa en alguno de sus decretos que él conquistó el pueblo de Kalinga, en el sur de la India, causando cientos de miles de muertos y otros tantos miles de hombres esclavizados. Luego agrega que el rey ha conocido el dharma –la doctrina budista de la compasión– y que desde entonces siente gran arrepentimiento por lo cual de allí en adelante solo utilizará la victoria moral; o sea, la victoria por el dharma . Sabemos hoy que este rey, después de sus conquistas y su arrepentimiento, protegió a los diversos grupos religiosos y no solo a los que practicaban el hinduismo y el budismo. También hizo otras obras de beneficio para su pueblo.
Cuando pienso en la historia de Ashoka, me pregunto por qué no surgen en nuestro tiempo otros gobernantes que aprendan a ser compasivos, en vez de bombardear poblaciones como en Afganistán e Iraq.