
¿Quién estará engañando a Hugo Dougherty, el vicepresidente del Parlamento Centroamericano? El se está creando falsas expectativas, y se las crea también a su país al anunciar que Costa Rica está pronta a incorporarse a ese foro regional.
Con gran aplomo, el congresista afirmó por la televisión guatemalteca, en la mañana del 18 de octubre pasado, que el proceso para que nuestro país ratifique el protocolo de integración "está muy avanzado".
Obviamente, está muy desinformado y está desinformando. Ese protocolo está más que archivado e, incluso, lo único que se ha ratificado es la posición del Gobierno de que mientras no exista consenso nacional, el país no participará en el Parlamento del istmo.
Y ¿de qué nos perdemos los ticos al no estar allí? De nada. En un repaso de labores ante las cámaras de televisión, Dougherty enumeró, entre los buenos logros, un pronunciamiento contra la discriminación a inmigrantes ilegales en los Estados Unidos y una propuesta para establecer la ciudadanía común centroamericana.
Incluso, para proyectar a los guatemaltecos que lo veían una sensación de lo efectivo que puede ser este foro, citó un acuerdo en el que exigieron al gobierno de Alvaro Arzú sanciones contra los responsables por la tragedia -ocurrida dos días antes- en el estadio Mateo Flores. ¿Para qué si ya la Corte Suprema de Justicia había abierto la investigación judicial?
Si a eso es lo más que ha podido llegar el Parlamento Centroamericano es un lujo para las naciones de nuestra región, donde hay tanta pobreza. Solo el salario de al menos $2.000 para cada uno de los diputados -20 por cada país- permite inferir que tiene un precio muy elevado para lo que "produce".
Resulta una mejor inversión fortalecer más las cumbres de mandatarios, afinar los tratados de integración económica y hasta concertar una estrategia de negociación con el resto del mundo, antes que seguir engañándose con propuestas y más propuestas de un Parlamento de tan escaso protagonismo.