Qué diría Rafael Sanzio si, de vuelta por este mundo nuestro, se encontrara con uno de sus ángeles? Hablo del angelillo aquel que, para honra suya, aparece en todas partes: en los cromos, en las tarjetas de amores furtivos, y ahora en promiscuidad con el verso, pluma y flor de la decoración navideña.
Está tendido plácidamente, como sobre una nube, la mejilla apoyada al dorso de la mano y en la mirada te pide que lo liberés de tanta popularidad: ¿qué puede hacer entre campanas de oro, nieve sintética, pinos inmortales con lazos rojos, columnas de oro, ángeles vestidos de terciopelo con largas estolas blancas y cinturón de rosas en forma de bouquet? ¿Qué sentirá este ángel entre canastillas arqueadas con forma de reno dorado, grandes canastos llenos de uvas, rutilantes coronas de emperador, flores de tela y plástico, caballitos de oro con arcos de mecedora, mandolinas de oro sin cuerdas, de tamaño natural, fuentes doradas que reposan sobre los brazos de un ángel cariátide con alas abiertas, grandes racimos de uvas con hojas que no son de parra, nacimientos con pesebre y sagrada familia, como debe ser pero enlatados, nicolases rojos, panzones, rechonchos de barbas de algodón imposibles de rasurar, ángeles con aureolas de rayos, mariposas doradas, estrellas de nieve, bastones y botas para colgar en las chimeneas imaginarias del trópico?
Bazar navideño. ¿Qué hará cuando se encuentre con un trío de ángeles dorados cantando canciones de Navidad? ¿Cómo se sentirá entre tanto brillo de oro este ángel dorado cuya suerte jamás podría haber pasado por las fantasías de Rafael Sanzio? Jamás se lo pudo imaginar construido de estereofón y envuelto en láminas doradas, tan liviano que parece levitar o reposarse sobre las nubes. Pero no está entre las nubes, ni flota lánguidamente bajo las estrellas, sino que ha caído en el bazar navideño, en este mercado de baratijas fabricadas en masa con algo de barroco postmoderno, plástico y terciopelo. Los ángeles, tan de moda, no podían faltar a la cita. Y mucho menos el ángel risueño de Rafael.