En múltiples oportunidades, la industria alimentaria costarricense ha sido víctima de infundadas acusaciones sobre el impacto negativo de los alimentos procesados en la salud de los consumidores, y se ha generado una serie de mitos que los relacionan con problemas de salud y poco valor nutricional.
Por el contrario, la mayoría de los alimentos procesados vienen de empresas responsables, que conocen la importancia de la calidad e inocuidad de sus productos y procesos y que operan en forma abierta en el sector formal de la economía.
Estos alimentos, procesados bajo estrictos estándares de calidad, son una importante fuente de energía, proteínas, fibra, vitaminas y minerales, componentes presentes en las materias primas y cuyo procesamiento, lejos de alterarlos, más bien les asegura una mayor vida útil.
Riesgos ignorados. Con frecuencia recibimos información sobre los atributos de los productos caseros, frescos, no preempacados, pero nunca nos cuentan sobre los riesgos de la contaminación por microorganismos como bacterias, que causan enfermedades, ni las inadecuadas prácticas de higiene y manipulación a los que han sido sometidos.
En Costa Rica, encontramos gran cantidad de pequeñas, medias y grandes empresas que cuentan con importantes inversiones en equipo y maquinaria moderna; compran y utilizan las mejores materias primas e insumos; cuentan con profesionales en el campo del procesamiento de alimentos; cumplen con las normas de calidad y hacen arduos esfuerzos para echar a andar sistemas que aseguren la inocuidad de sus productos.
Caso totalmente opuesto encontramos en el sector informal, el que, además de incumplir estos principios básicos, genera comercio desleal al evadir responsabilidades tributarias y patronales. No solo pone a disposición de los consumidores productos sin etiqueta ni fecha de vencimiento, sino que no existe ningún referente al cual recurrir en caso de reclamo.
Lastimosamente, existe un grupo de personas que, de forma errónea, ataca el consumo de alimentos procesados, difundiendo información parcial y sesgada que tiene implicaciones negativas sobre un sector específico, una empresa o un producto en particular. Con ello se genera una reacción negativa por parte del consumidor, quien podría variar, sin razón, hasta sus hábitos de consumo.
Información fidedigna. La Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (CACIA) cree indispensable contrarrestar estas corrientes y educar a los consumidores, con un panorama amplio e información fidedigna sobre la realidad de nuestros productos, dentro de un marco regulatorio nacional, el cual se ha ido transformando y homologando al sistema internacional del Codex Alimentarius .
Este sistema ofrece directrices sobre temas como los residuos de plaguicidas, aditivos y contaminantes en los alimentos, residuos de medicamentos veterinarios, higiene de los productos, etc., y su objetivo es brindar apoyo a los industriales y favorecer el comercio, conforme a una guía científica vinculada con la calidad e inocuidad de los alimentos.
Tenemos la gran responsabilidad, como país y como gremio productor de alimentos, de ofrecer a los consumidores "alimentos procesados" según estrictos estándares de calidad, que les permitan guardar sus características nutricionales. Por eso, con toda certeza podemos afirmar que los alimentos procesados se pueden consumir con toda confianza.
(*) Director ejecutivo CACIA