Empecemos: primero, espíritu viene de la palabra latina respirar. "Lo que respiramos es aire, que es realmente materia, por sutil que sea. A pesar del uso en sentido contrario, la palabra espiritual no implica necesariamente que hablemos de algo distinto de la materia..., o de algo ajeno al reino de la ciencia" (Carl Sagan, El mundo y sus demonios ). Nunca he entendido esa necedad "cristiana" de manosear dicho término, de relacionarlo con el cielo y de presumir que son supremos los valores engendrados en los hogares cristianos. Lo espiritual es tan terrenal como el hombre mismo: prueba de ello son "nuestras emociones en presencia del gran arte, la música o la literatura, o ante los actos de altruismo y valentía ejemplar como los de Mohandas Gandhi o Martin Luther King, Jr." (ibíd.). Por otra parte, los "valores supremos" no son una exclusividad cristiana. Al contrario, es cuestión de echarle una mirada a las vicisitudes de la comunidad occidental, cristiana hasta los tuétanos, para considerar seriamente una postura contraria.
En cuanto a que Nietzsche es "el autor de Zaratustra", supongo que fue un desliz impensado. Ya sabemos que Zoroastro (o Zaratustra en idioma persa), a quien se le otorga la misma categoría, respeto y reverencia que se profesa a Krishna, Jesucristo, Mahoma y otros, fue un célebre profeta que vivió entre los años 660-583 a. C. A él se le atribuye el haber descubierto los principios de "la moral individual", la evolución más antigua y primitiva de las nociones del bien y del mal en una época muy anterior al propio surgimiento del cristianismo.
(*) Escritor