Dejémonos de vainas: este es un gobierno dichoso.
Sus cenas, sus bailes y sus cocteles de refinada aristocracia así lo demuestran: fastuosa elegancia, manteles largos y decoración super sofis. ¡O sea, vos me entendés!
Además, ¡ese garbo palaciego! Damas y caballeros de alcurnia al mejor estilo de la revista Hola, y glamur digno del programa Entertainment, ese de la televisión por cable que destaca los Awards de la música y el cine.
Aquí también deberíamos de dar Awards, es decir, premios -qué prosaico suena en español- a los escotes de Nina Ricci que lucen nuestras damas de sociedad, a los peinados de Helen Curtis...
No seás obsoleto, si Helen ya jugó.
Tenés razón. Bueno, bueno... dejame seguir. Te decía: carteras Carolina Herrera, fragancia Egoist, alhajas de Tiffani's, abrigos de piel de oveja...
¡Porque tendremos un espíritu muy democrático, pero unos gustos...! Cualquiera diría que de monarquía botaratas.
Y todo ese despliegue de suntuosidad labriega, que es lo contrario de labriegos sencillos, se remató como nunca con la reciente llegada del presidente de México.
Por ejemplo, Costa Rica, que no es un país con tradición de condecorar, esta vez se lució distinguiendo a su huésped con un medallón.
Lo usual había sido más bien obsequiarle al visitante una carretica con bar incorporado para hacer el regalo bien práctico, y además convidarlo a un exótico banquete de variedades tropicales para que se le encendiera el paladar.
Pero había que ver ese día la expresión transida de don Miguel Angel en el instante mismo de ser galardonado por Zedillo con la Gran Cruz del Águila Azteca.
Y lo que es la vida: siendo presidente, a don Luis Alberto Monge le otorgaron el Águila Seca, según nota de primera plana de aquel entonces en este periódico.
De ahí que como a este gobierno le encanta todo ese ritual cortesano, lo mejor sería crear varias condecoraciones bien criollas basadas también en ciertas aves para darle realce a lo mejor de nuestra fauna alada.
Podríamos crear, qué sé yo, la Gran Orden del Zopilote Bizco, pues a pesar de que cuesta ver un ave turnia o con la mirada virola, estaríamos ante un espécimen que desde 1991 le ha quebrado el coco a nuestros gobiernos con el asunto ese de los rellenos zopilotarios.
O tal vez la Gran Cruz de la Chachalaca Degollada, símbolo perfecto del político hablantín. Es la única ave que en vez de estar en extinción está en extensión. Por ser migratoria altitudinal, pues cada cuatro años sube o baja, tradicionalmente se le ubica en las inmediaciones del Parque Nacional o Zapote. Se alimenta de demagogia y populismo.
¡Y por qué no la Gran Jarra del Águila Mojada! Contrapartida del Águila Seca por burbujeante y espumosa. Ave nacional familia de las birreras chupáceas, idolatrada en todo el país, principalmente en juergas, pelones y encueves. Tambén, símbolo nacional del póngale bonito y no le afloje.
Otras opciones podrían ser la Gran Jaula del Sanate Patas Vueltas; el Gran Chirrido del Tucán Devaluado; el Gran Bocado del Buchón de Mar... En fin, hay mucho de dónde escoger.