Hace poco dije aquí que el sector público y el sector privado tendían cada vez a ser, en general, la misma cosa, o sea, igual de ineficaces y abusivos.
Recientes reportajes de Telenoticias Canal 7 sobre la agresión que sufre a diario el consumidor por parte de ciertos negocios, confirman esos temores.
Se trata, en efecto, de empresas que ofrecen servicios técnicos y mecánicos de manera presumiblemente inescrupulosa.
Armados de cámaras, luces y otros equipos, así como de expertos en electrónica y abogados que levantaron actas notariales, los reporteros de Canal 7 pusieron en evidencia la manipulación que en algunos de esos talleres se hace tanto de los aparatos electrodomésticos como de los vehículos que el público, de buena fe, les confía para su reparación.
El hecho más común y grave que se da en esos locales, es que sus propietarios les inventan a los aparatos o carros daños que no existen para estafar al cliente, cobrándole considerablemente más caro.
En uno de esos talleres, por ejemplo, al dueño de un vehículo le cobraron ¢15 mil solo por hacerle el diagnóstico mecánico de lo que este tenía. Y el diagnóstico, por supuesto, estaba incorrecto pues le confundieron la fallita en un sensor de temperatura con una en el flujo de aire.
Luego, el equipo de Telenoticias se fue a otro taller donde sí dieron pie en bola y cobraron ¢12 mil por el diagnóstico. Solo que cuando llegaron a pagar, se encontraron con la sorpresa de que, sin que el cliente lo pidiera, le habían hecho al carro un lavado de motor que costó ¢6 mil y le habían arreglado el forro de un asiento y quitado algunas manchas por ¢2 mil más. En total ¢20 mil (sin la reparación).
El mismo vehículo fue llevado finalmente a un tercer taller. En este la situación fue otra totalmente: aparte de que no cobraron nada por el diagnóstico, este fue correcto. Dijeron que cobrarían únicamente si arreglaban el desperfecto y hasta tuvieron la honestidad de reconocer que una lucecita encendida, que advertía alguna posible falla, no era nada grave.
Otra prueba se hizo con algo tan simple como una tostadora. Con la certificación de un notario sobre el estado de ese aparato, la gente de Telenoticias deliberadamente le zafó un cablecito del enchufe y lo llevó a un taller a reparar. El daño fue debidamente arreglado pero, curiosamente, a la hora de retirar el hornito, este apareció con un daño adicional que no existía y que, por supuesto, estaban cobrando.
Lo mismo pasó con un televisor. Un técnico de Canal 7 le cambió un fusible bueno por uno quemado y lo llevaron a un taller particular para que valorara el daño e hiciera un presupuesto del arreglo. En el taller dijeron que el televisor tenía de todo: que estaba dañada la fuente de poder, el oscilador, el... Una vez que retiraron el aparato del taller, el técnico de Telenoticias puso el fusible bueno, pero ya el televisor no funcionaba: le habían alterado otras cosas con el fin de arreglarlas y cobrar más caro.
Este fue el caso de otro televisor en un taller muy conocido: lo llevaron a reparar teniendo nada más una pieza dañada cuyo repuesto cuesta muy barato. Sin embargo, al devolverlo reparado, el dueño se dejó cobrar ¢15 mil más la revisión. Cuando se le pidieron las partes cambiadas, este, a regañadientes, entregó siete piezas de las que cinco estaban en perfecto estado. Cuando se le interrogó acerca de por qué cambió piezas que estaban buenas, dijo que cuando él cambia un fusible cambia todo. No obstante, por exactamente el mismo daño, en un taller de Hatillo cobraron tan solo ¢4 mil.
¿Qué hacer en esos abusos? Ponerse vivo. El consumidor tendrá que caminar un poquito más y buscar el taller que le ofrezca las mejores opciones, y si lo estafan, denunciar al negocio con recibos y facturas en mano ante la Comisión Nacional del Consumidor.