Ante la aberración jurídica del TSE contra el debate político en el canal 7, el palanganismo constitucional de la Sala IV, la agresión al derecho del ciudadano a informarse y el peligro a que me expongo si hablo aquí de cuatro candidatos presidenciales y no de trece, hoy voy a hablar de perros.
Son tres episodios, dos de ellos navideños. Uno le ocurrió a Goma, perrita píncher miniatura, por golosa. El veterinario Óscar Robert, de Curridabat, la recibió de emergencia bien abotagada y con problemas respiratorios. Al preguntarle al dueño qué le pasaba a su mascota, este no pudo ser más contundente: "Diay, doctor, se mandó tres queques navideños y medio kilo de jamón".
En cuanto a los queques, el amo aceptó haber cometido el error de dejarlos al pie del arbolito navideño junto a los demás regalos. Lo que nadie supo fue cómo la perrita pudo alcanzar la comida de la mesa. La sospecha es que jaló el mantel, se trajo abajo el jamón yÖ "venga a nos el tu reino".
El segundo caso fue también de glotonería y le pasó a un perro labrador. Llegó a la consulta deprimido y con vómitos. En este caso, el dueño no tenía ni la menor idea de lo que le sucedía a su animal, pero el doctor, después de muchos exámenes y, finalmente, de una cirugía, lo averiguó: se había zampado tres servilletas de tela.
¿Cómo? El animal vio que los invitados a la cena navideña se limpiaban la boca y hasta las cejas del chancho, del pavo y de los tamales que se comían, y, apenas todo terminó y las servilletas quedaron en cualquier parte, el perro quiso también, con todo derecho, tener su cena yÖ "¡mire, José!"
Último episodio: un joven de 19 años llegó adonde el veterinario con un zaguatito cachorro en brazos, atropellado por un carro. También llegó con ellos una zaguata, madre del cachorrito moribundo, al que Óscar examinó y encontró en muy mal estado.
Ante eso, el joven le pidió al doctor hablar con el papá para saber qué hacer. Óscar lo hizo y le dio a este tres opciones. Sin embargo, el problema surgió cuando le mencionó la tercera opción, que consistía en aplicarle la eutanasia al cachorrito.
En ese instante Óscar sintió un fuerte golpe en la espalda que lo tumbó al suelo debajo del escritorio. El muchacho se había desmayado y le cayó encima; no soportó la idea de que a su zaguatito lo pudieran "dormir". El veterinario, con él arriba sin poder moverse, el cachorrito en una mano y el teléfono en la otra, le contó al papá lo que estaba pasando. Este se angustió. Entre tanto, la mamá zaguata lamía el rostro del desmayado como tratando de revivirlo, y Óscar buscaba la salida por alguna parte. O sea, el pandemónium.
Al final, el joven se recuperó para contar el cuento, y todos los perros también, pero para aullarlo.