Con PriceSmart y Denny's definitivamente se nos acabó de venir lo gringo para acá y ahora ya podemos sentirnos en San José como si estuviéramos en el mismitico centro de los Mayamis.
Esta sensación se puede resumir con la frase que el sábado pasado le escuché a una familia tica que justamente entraba con la güilada por primera vez al Denny's de La Uruca: "°Umm... hasta huele a Estados!"
Y parece que, efectivamente, todo ahí es traído de Estados Unidos, desde el jugo de naranja --buenísimo por cierto--, hasta el forro de los asientos y las camisas buscapleitos de los meseros.
Lo mismo PriceSmart: uno entra y "huele a Estados". Debe ser por eso que a la entrada lo reciben a uno con un chiflón sobre la jupa que le borra el olor a tico y comienza el olor a "made in USA". Por supuesto que cuando uno sale le zampan otra vez la chiflonera para regresar a la triste realidad, ahora con factura incluida.
La cosa es que se puede decir que ahora sí estamos totalmente poseídos por "los Estados". En lo comercial, que es el fuerte de ese país, por los restaurantes, la ropa, los carros, la televisión, las computadoras, la comida...
En lo turístico, igual. La afluencia de norteamericanos en los últimos diez años ha hecho que hasta en las más remotas playas y rincones del país los lugareños le hagan al tiquínglish; que en los rótulos callejeros dominen los "No vacancy", "Car wash", "For sale" y "I love you Negra" y, lo peor de todo, que los "machos" nos estén quitando a nuestras tiquitas del alma.
En la moda, también. El glamur es de pasarela gringa, el maquillaje, los peinados. Ahora las ticas, aquellas morenas guapas, trigueñonas o blancas que descollaban por ser como eran, se nos han hecho rubias de salón y ya uno no haya cómo entrarles, si con un "hola, guapa" o un "hi honey".
Cómo será la vaina ahora que hasta las patrulleras gringas nos tienen que cuidar la espalda de la presencia del narcotráfico. Y además la música, y el baile, y los malls... También los viajes: lo poco que queda de tico, que somos nosotros mismos, se jala pa'Estados cada vez que puede y si, no, revisen las reservaciones diarias de vuelos. °Por dicha estamos en crisis!
La cuestión es que PriceSmart, a juzgar por el gentío que lo frecuenta los fines de semana y aun entre semana, conmigo incluido en la colada, se nos ha convertido en una especie de altar mayor del consumismo donde, debido a la dimensión ciclópea de sus productos hay que buscarlos como a un dios, viendo pa'l cielo.
Sin embargo, a pesar de lo agringado del local, se le sale lo tico en ciertos detalles como cuando el queso "Muenster" se acaba y hay que esperarse un mes a que vuelva; los carnés de ingreso se agotan y al cliente nuevo le dan a cambio un simple recibo cuando lo que este quiere es portar en su billetera aquel plástico que psicológicamente lo integra de lleno a la sociedad moderna. Todo esto para no hablar de la foto del carné que, de lo manchada que sale, uno queda con cara de huella digital.
Denny's tampoco se salva de lo tico porque a veces falla, por ejemplo, con su famoso "milkshake" por falta de helados --°increíble!--; atrasan demasiado las órdenes, dejan que los meseros cobren al cliente, sientan a este en una mesa que aún no está limpia, le pasan a la mesa un chuica que huele feo, etc.
Por lo demás, ambos locales, cada uno en su campo, tienen el mérito de haber venido a romper el molde tradicional de supermercados y restaurantes con un estilo muy particular que el público ha acogido multitudinariamente con la alegría de tener ahora un Miami en su propio patio. You know, man!