No hay quite: Escazú es hoy día el Miami tico.
La autopista Próspero Fernández es su Interstate 95, o nairi fai –para decirlo en tiquínglish–, con PriceSmart, Office Depot, Payless Shoes y Liz Clairborne a la izquierda, y el Courtyard Marriot, Outback Steakhouse y Confort Suizo a la derecha.
Esa vía remata en el mall, o sea, en el Dadeland tico, centro neurálgico del glamour capitalino adonde converge gente de todas latitudes.
Si se entra por la radial, lo mismo: a la derecha, Tony Romas y T.G.I.F., y a la izquierda, Häagen Dass, Bagelsmen, US Laundry y Big Dog, entre otros.
Si seguimos bajando, a ambos costados de la calle aparecen, como en un Flager tropical, KFC, McDonald’s, Tyssum Laundry, Hollywood Video, TCBY, Blockbuster, I Love Lulú y, en construcción, Hugo Boss.
Uno diría que lo que le falta a Escazú para ser totalmente Miami es el océano, pero ni eso, porque ahí está también ferreterías El Mar. ¡Menos mal!
Pero sigamos. Escazú adentro hay otra constelación de lujosos centros comerciales con nombres igualmente chic, como Delights Gourmet, Momic Basics, Underwear Options y Dryclean USA, donde cada semana hay Sales y Clearences entre cafés donde se toma Perrier.
Es decir, ya no es como antes, cuando los negocios se llamaban La Culeca, Perfidia, El Churristate, La Chachalaca... Ahora todo es más “in”. ¡Ohhh…!
No por casualidad, ahí vive la flor y nata de los norteamericanos con la residencia del embajador a la cabeza, y donde, al igual que en Miami, hay venezolanos, colombianos y hasta una “Little Habana” bien representada por los cubanísimos Ignacio Santos y Lázaro Malvarez.
Los colegios se llaman Country Day, Blue Valley, Saint Mary, Mount View, y hasta existe una Spanish-School. (Debe de ser para que no se nos olvide el español). El otrora bosque de guachipelines y cortezas amarillas es ahora de edificios en condominio cuyo estilo de vida es más seguro, pero más aburrido, pues no se puede, como antes, ni sembrar una chayotera en el patio. Mucho menos tener gallinas ponedoras.
Y en medio de todo ese paisaje floridiano, destaca, enhiesto, el gran pionero de esta colonización miamesca: el Country Club.
La mayoría de las chicas son machas, hacen gym y visten ropa casual ajustadita y chillona; usan carteras Louis Vuitton o Burberry, relojes Chopard, peinados erizos y viseras de playa, al tiempo que los chicos manejan superchuzos, impresionan con sus anteojos de aerodinámica galáctica, y su lenguaje es de negocios, fiestas y viajes al exterior.
Esperemos que el desfile de carretas de mañana en Escazú lo salve un poco de su legendario embrujo, no vaya a ser que un día de tantos hasta los bueyes nos resulten clonados en los establos de mister Bush.