
¡Estamos comiendo caca! Así de sencillo, brutal y descarnado.
Es una desilusión porque a mis dominicales idas a la feria del agricultor les había dado, más que un matiz alimentario, uno poético, por el rozagante jardín de legumbres, verduras y frutas que es, y la variopinta concurrencia de parroquianos que acuden a ella sin importar su condición social o matinal.
Pero es, sobre todo, una pena porque con lo útiles que son, gran parte de sus productos están altísimamente contaminados, según un reciente examen mandado a hacer por el noticiero NC-4 cuyo alarmante resultado fue corroborado por destacadas autoridades en salud.
Los datos son de morirse, y de morirse de verdad. Si 300 coliformes en un gramo del producto son ya graves, en las muestras de berros la cantidad de aquellos es infinita, tanto que si el laboratorista se descuida, se le trepan por el microscopio.
Pero sigamos. La lechuga, tan exquisita y saludable con tomate y otras cosas en la ensalada del almuerzo, apareció con 125.000 coliformes; el propio tomate con 2.000 y el apio y perejil con 2.250. En lo personal a mí no me preocupan tanto el culantro, el apio y el perejil que uso en mis gallopintos catatónicos, pues a la hora de freirlos en el sartén dejo a los coliformes que sobreviven a la manguereada, totalmente achicharrados.
El problema es cuando esas legumbres se consumen precisamente crudas o en ensaladas, pues sus hojas y ramas tienen tantos pliegues y entresijos que si no se las lava bien, ojalá con agua a presión, caliente o clorada, los parásitos se vuelven un enorme riesgo para la salud.
Hasta donde se pudo llevar un conteo, el año pasado hubo en el país aproximadamente 100 mil casos de diarrea, algunos por shiguelosis, salmonelosis y fasciolasis, sin incluir las hepatitis por agua contaminada ni aquellas diarreas no reportadas. En cifras funerarias, que a nadie le gustan pero hay que decirlas, por cada 100 mil habitantes se produjeron 233 casos y... 131 muertes.
Y es que las fuentes de contaminación de esos productos agrícolas están, como los malos espíritus, por todas partes: en el riego cuando están sembradas, en el transporte, en la manipulación de los vendedores, en las bateas donde los exhiben y en el riego en los puestos de venta, diz que para refrescarlas o lavarlas pero no hay tal porque en muchas ocasiones lo hacen con agua de caño, negras, o de dudosa procedencia. ¡Guácala!
Uno, con esas cosas, se siente realmente entre la espada y la pared porque mientras por un lado los expertos lo inducen a comer todo tipo de vegetales para mantenerlo pura vida --lejos de las grasas y fritangas--, por el otro lo exponen a terminar en el hospital en una cama llena de tubos conectados 24 horas a la Unidad de Cuidados Sanitarios Intensivos que, en lenguaje de pueblo, se llama excusado. ¡Qué espanto!
Asi es que hoy, justo cuando usted me esté haciendo el favor de leer este arrevesado tratado de salud preventiva, yo estaré en la feria del agricultor comprando berros con pinzas, culantros con caña de pescar, lechuga con soga, tomate con guantes de soldador, perejil con varilla de apear pipas...