Tengo hoy el gusto de informarlos que el próximo viernes se producirá el momento más esperado por mí y por todos los que, con gran interés, me han seguido hasta ahora a través de esta columna: ¡cosecharé por fin la maca!
Parece que las plantitas de ese afrodisiaco, considerado infinitivamente superior al Viagra porque es natural, rendidor, megatónico y sin efectos secundarios, están ya lo suficientemente hojudas para ser arrancadas y sometidas a prueba.
La maca es un tubérculo que se da en el altiplano peruano a cinco mil metros de altura, y hasta donde sé, es la primera vez que se siembra aquí aunque a mucho menor altura, 2.789 metros, concretamente en mi terrenito de las faldas del Irazú.
Desde que lo anuncié, este cultivo ha creado gran expectación tanto en el género masculino de este país, que constantemente me pregunta por la salud de la maca, como en algunos agricultores de la zona de Sarapiquí que están muy interesados en sembrar ahí el tubérculo a pesar de la bajísima altura.
Mi plan original era irme ese viernes con algunos amigos a arrancar la maca, limpiarle un poco la tierra y "vénganos en tu reino", o sea, comérnosla así como quien se come un rábano.
Luego, nos sentaríamos todos a esperar el efecto si alguno, para, de inmediato y formulario en mano, indicar con lujo de detalles la miriada de sensaciones y cosquilleos que surgieran, la intensidad de la excitación y los niveles testosterónicos de la libido.
Esta información, junto con la que ya poseo sobre los efectos producidos por la maca en los incas, en los consumidores de Miami y en la gente común, me permitiría comparar la explosividad de la maca tica para determinar en qué medida la menor altura la altera.
No obstante, por acuerdo unánime con mis amigos, el plan cambió pues, como mi cosecha de maca es demasiado pequeña como para que se desperdicie con nosotros llenando aburridamente un formulario, surgió la idea de que mejor yo la arranque ese día, me venga soplado a San José con ella y la reparta gratis por supuesto entre todos, de tal manera que cada quien pueda aprovechar y compartir sus efectos de la manera que más le convenga; ya eso es asunto personal.
Eso sí, el compromiso es que el mismo formulario sea discretamente colocado a la par de la almohada, del asiento del carro, debajo del matorral o donde sea más cómodo para que, conforme la maca vaya surtiendo efecto, cada uno anote las revoluciones por segundo que va sintiendo, el octanaje hormonal y la capacidad bruta alcanzada.
De la misma manera como lo hizo Pfizer aquí cuando introdujo el Viagra, que utilizó a 20 ticos para que lo probaran con sus compañeras, convendría que mis amigos advirtieran a las suyas de lo que se trata, no vaya a ser que estas se extrañen o los crean locos cuando los vean, en medio del agite, poniéndole "v " o "x" o cualquier otra marca en el formulario.
Hasta ahora, mi experiencia con los productos agrícolas peruanos no ha sido nada halagüeña aquí en el país: los chiles rocoto que traje no enchilan, las chirimoyas o anonas se fueron en vicio, y la papa amarilla, que es como mantequilla así en verso fue todo un fracaso.
Queda por ver ahora la maca. Será mi último intento agropecuario de este tipo. En una semana sabremos si Costa Rica podrá entrar en la histórica era del amor macanudo.