Se nos anuncia, a toda página en los periódicos, la apertura, aquí en el este de la ciudad, de dos modernos supermalls .
Uno, el Terramall , cerca del peaje de la autopista Florencio del Castillo, y otro, Multiplaza , en las antiguas instalaciones de Republic Tobacco Co.
Sin embargo, por ninguna parte se nos anuncia la apertura o ampliación de calles y puentes para darle a todo ese sector la capacidad de soportar la inmensa afluencia de tráfico que ambos centros comerciales ocasionarán.
Ante tal situación, visualizo dos opciones para salir de apuros.
Primera opción: dado que la vía entre Zapote y Curridabat ya no da abasto, pues la trabazón de carros es "mortalística", instalar en el área del redondel un sistema de catapultas en serie para evacuar con cierta rapidez a los consumidores que frecuentarán el nuevo Multiplaza .
Para ser justos con ellos, se levantarían cuatro catapultas, una para cada punto cardinal, con la específica función de descongestionar de tumultos la zona susodicha.
Se trataría de catapultas multitudinarias que expulsarían automáticamente a los compradores que regresan a sus casas a una velocidad de crucero, ya en el aire, de 900 kilómetros por hora con caída libre en toldos estratégicamente ubicados en los diferentes barrios para amortiguar el costalazo.
En el caso del Terramall , en cambio, el mecanismo de desalojo del público tendría que ser diferente para evitar que el tapón de carros y público al oeste de la Florencio del Castillo se junte con el respectivo molote al este de Multiplaza , y la pega se haga infinita con chiquitos llorando, señoras agarradas de las pelucas y dándose de siliconazos, y conductores a balazo limpio entre los automóviles.
Lo que habría que hacer en el Terramall sería sacar a toda la gente, paquetes incluidos, en furgones arroceros rumbo a Dominical, de manera que puedan tomar la costanera sur pasando por Manuel Antonio, Jacó, San Mateo y el Monte del Aguacate hasta entrar a San José por la cocina.
La segunda opcion es más simple y hasta provocativa, por no decir que infalible: instalar dentro del Terramall y Multiplaza dos gigantescos moteles de modo que, como ocurrió con El Edén en Cinco Esquinas de Tibás, su propietario amplíe calles, construya autopistas, ensanche puentes, haga aceras, ponga semáforos, entube caños, cemente espaldones, ilumine vías, tape huecos, siembre jardines, abra bulevares...
Porque en este país esas obras sí son amores. O más bien, esos amores sí son obras. O, bueno, como quieran decirlo.