Los agentes de seguridad de mister Clinton serán muy listos previniendo atentados y evitando sabotajes, pero no se han dado cuenta aún de que la cena de gala que el gobierno ofrecerá este jueves al Presidente norteamericano es una verdadera bomba estomacal.
El menú explosivo dedicado a mister Clinton empezará con una entrada megatónica: crema de pejibaye, la que en sí no sería mayor problema de no ser porque inmediatamente después le recetarán un sorbete de guanábana. Creo sinceramente que la combinación pejibaye-guanábana podría ser de infaustas consecuencias intestinales para un mandatario tan desfamiliarizado con nuestras malas costumbres tropicales. Pidámosle a Dios que esa entrada no se convierta en salida.
De todas maneras pareciera un poco cursi eso de crema de pejibaye como plato típico para los invitados, pues aunque esta suele ser muy sabrosa y tonificante, más folclórico hubiera sido recibir a mister Clinton con un guarosagüer de aperitivo y boquitas del mismo pejibaye pero embarrado de mayonesa, exactamente como se lo come uno en los bailongos de los pueblos. La ventaja de esta fórmula guaro-pejibaye es que el ilustre huésped podrá disfrutar a la vez de dos cosas auténticamente típicas que, aunque fuertes, juntas se neutralizan.
Posteriormente, con un estómago ya medio desconcertado, a don Bill y colegas de Centroamérica y el Caribe se les servirá el plato fuerte (como si la entrada no lo hubiera sido) que, haciéndole honor al nombre, consistirá en pechuga rellena de cangrejo en salsa de aguacate.
Se trata de un plato bombástico para mister Clinton quien, si bien ha tenido estómago para soportar a los republicanos, sortear el caso Whitewater y sobrellevar los arrestos de Paula Jones, no hay razón para exponerlo a un nuevo golpe bajo. Además, inmiscuir el cangrejo en una cita donde lo que todos quieren es precisamente ir hacia adelante no pareciera ser de buen agüero. Y si encima le echan a ese plato salsa de aguacate, pues se van a terminar de pasear en el destino del hemisferio.
Nada más sumemos lo que hasta ese momento habrá en el estómago de mister Clinton: pejibaye, guanábana, aguacate, cangrejo y pollo. ¡Ah, y ensalada de espárragos! Más que un coche-bomba, esa es una cena-bomba. Pero ahí no acaba la dinamita. A eso hay que añadir luego la trucha en salsa de uvas, un plato tan raro como comer salchichón con gelatina o chorizo split, primo hermano del banana split, con helados de vainilla, fresa y chocolate.
Más adelante viene, dentro del mismo plato fuerte, un arroz esmeralda. (No confundir con el arroz de La Esmeralda, que también es buenísimo). Creo que es lo mejor del menú porque no solo pareciera aplacarlo un poco sino hacerlo prodigiosamente medicinal al agregarle caldo de lechuga, perfecto contra el colesterol del sofrito en mantequilla que incluye el mismo plato.
Y para cerrar, espuma de mango, un postre hecho más para sacarse algún clavo histórico con los Estados Unidos que para endulzarle la visita a mister Clinton. Volvamos a sumar: pejibaye, guanábana, cangrejo, aguacate, pollo, espárragos, salsa de uvas, mango... ¡Qué horror! Nos mandaron a un Clinton con la rodilla rota y vamos a devolver a otro purgado y con el estómago hecho añicos.