Tomen nota, por favor, de lo maravilloso que es este país.
Con la reciente apertura del motel El Edén, en las inmediaciones de Cinco Esquinas de Tibás, algo interesante ha sucedido ahí.
No me refiero, por supuesto, a los baños turcos, a los portones eléctricos, al olor a nuevo de sus habitaciones, ni al ambiente novedoso que pueda ofrecer.
Tampoco a los jardines, ni a los jacuzzis , ni a los sistemas computarizados, ni a los primeros llenazos de gente en el nuevo albergue.
Me refiero a algo todavía más llamativo.
Gracias a ese motel, sus propietarios repararon el puente sobre una quebrada que pasa cerca y lo dejaron como nuevo y, sobre todo, más seguro para el paso de vehículos.
Además, a lo largo de todo el frente del motel, donde ante había una zanja horrible y maloliente, construyeron una acera ancha y bien nivelada para que los peatones caminen por ella como por el corredor de su casa.
Así mismo, ese sector, otrora oscuro, siniestro y peligroso, ha sido exquisitamente iluminado con lámparas potentes bajo las cuales es posible ahora caminar tranquilamente y sin el riesgo de desbarrancarse en la zanja o de que lo asalte alguien.
También, los dueños del motel compraron y donaron una propiedad a la municipalidad local para que ampliara la esquina frente a la Mercedes Benz, de modo que los vehículos pudieran doblar sin la dificultad de tener que dar la vuelta y esfondarse en un enorme hueco que había ahí.
Como resultado de eso, la municipalidad asfaltó toda esa esquina, amplió la calle y entubó las aguas malolientes que pasaban por ahí.
Por si fuera poco, en esa esquina el MOPT acaba de colocar un semáforo para agilizar el tránsito de vehículos y evitar así las presas que se hacían.
Y ya, para no aburrirlos, el motel construirá por el lado de cierta autopista una vía marginal de 300 metros debidamente asfaltada y con canales de aceleración y desaceleración.
La pregunta cae por su peso: ¿cuántos moteles son necesarios en el país para que amplíen a cuatro vías los puentes de dos; reparen e iluminen aceras; entuben cloacas; eliminen peajes, ensanchen la Bernardo Soto; construyan el trecho Ciudad Colón-Orotina...
Ya no queda ninguna duda: ¡el amor todo lo puede! ¿Por qué, entonces, no aprovecharlo para transformar al país?