Me acabo de enterar de una receta para prevenir y curar el cáncer que parece estar teniendo éxito fuera de Costa Rica.
Yo, que he sido algo escéptico de esos remedios, me sentí especialmente atraído por este debido a que lo difunde un reconocido religioso franciscano y a que los resultados están a la vista.
Se trata de Fray Romano Antunes, de la Orden de Frailes Menores de Brasil y catedrático del Seminario de Belén en Tierra Santa cuya fama se riega actualmente como la pólvora por toda la región de Judea.
Sin embargo, al hablar de su fórmula él se rehúsa tajantemente a atribuirla a ningún hecho sobrenatural o a que sea curandero, médico o milagroso.
Hace poco, cuando de visita a Zapotlán, México, un periodista local le preguntó si curaba el cáncer, el fraile le dijo: "Yo curo el cáncer. Tú puedes curar el cáncer y cualquier persona que lo quiera lo puede curar, sin hacer milagros, simplemente aplicando los elementos que produce la naturaleza; ella tiene remedios para curar las enfermedades. Basta que los descubramos".
Desde hace seis años, el padre Romano parece haber cambiado la vida de decenas de personas de Belén y alrededores, al extremo de curar a una mujer desahuciada por la medicina moderna y a una religiosa de 29 años.
Según el fraile, su remedio cura todo tipo de cáncer: de la próstata, piel, garganta, pulmón, cerebro y leucemia, y le encanta que se difunda su receta porque "prolongar la vida de una persona me da una satisfacción inmensa".
Su fórmula es tan simple como esto: "medio kilogramo de miel pura de abeja, dos hojas grandes, o tres pequeñas, de la planta áloe vera (sábila) y --aquí la cosa se pone buena-- tres cucharadas de coñac, whisky, tequila o aguardiente".
Con eso en mano "se quita el polvo y las espinas de la sábila, se corta en pequeños trozos y se introducen todos los elementos en la batidora. Esperar luego a que se haga una pasta viscosa y listo".
En cuanto a la dosis dice que "se prescribe tomar una cucharada grande tres veces al día un cuarto de hora antes de cada comida durante diez días".
Aconseja "agitar muy bien el frasco y haber pasado varias horas en ayuno para que las pepsinas del organismo ansíen entrar en acción y el medicamento pueda ser absorbido fácilmente por todos los tejidos del cuerpo".
Explica que "el brebaje purifica el organismo por medio de la miel, alimento que llega a los órganos más alejados; la sábila tiene un gran poder cicatrizante y el alcohol dilata los vasos sanguíneos. De este modo, la sangre se purifica lentamente en diez días".
Advierte que si después de tomar la bebida salen abscesos en la piel, es buena señal de que la sangre se está purificando. No obstante si el primer tratamiento no produce efecto, "el paciente debe someterse a una nueva serie de exámenes para ver si hay necesidad de una segunda, tercera y hasta cuarta dosis hasta la curación total".
A mí esta fórmula me simpatizó desde que la conocí porque siempre he sido un fiel creyente de las bondades de la miel y la sábila. Y si encima le añadimos todavía el "riflazo", mejor vuelvealavida no puede haber. °A su salud!